Conversaciones de ascensor

Nos cuesta estar en silencio con nosotros mismos, de la misma forma que nos cuesta estar en silencio en compañía de alguien a quien no conocemos, con quien nos falta mucho por hablar, que nos resulta imprevisible. De forma opuesta, estamos cómodos en soledad cuando nos sentimos conocidos, aceptados, lúcidos y claros, sabiendo quiénes somos y qué es lo que pensamos. Como cuando das un paseo con alguien con quien todo lo has hablado y os basta con disfrutar de la compañía, sin necesidad de conversar sobre cosas mundanas, sin tener que comprobaros.

 

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Conversaciones de ascensor

La rebelión de las masas.

Os dejo lo mejor de los primeros seis capítulos. Iré subiendo el resto cuando los transcriba y piense un poco sobre ellos.

Como podéis comprobar algunos de los temas que trata son sorprendentemente actuales.

Primera parte: La rebelión de las masas.

I. El hecho de las aglomeraciones

A principios del S XX se aprecia el crecimiento -tanto en número como en calidad de vida- de la clase media.

“Tal vez la manera mejor de acercarse a este fenómeno histórico consista en referirnos a una experiencia visual […] sencillísima de de enunciar, aunque no de analizar, yo la denomino el hecho de la aglomeración del “lleno”. Las ciudades están llenas de gente. […] lo que antes no solía ser problema, empieza a serlo casi de continuo: encontrar sitio.”
 
“¿Qué es lo que vemos y al verlo nos sorprende tanto? […] Aunque el hecho sea lógico, natural, no puede desconocerse que antes no acontecía y ahora sí, […] lo cual justifica, por lo menos en el primer momento, nuestra sorpresa.”
 
“Sorprenderse, extrañarse, es comenzar a entender. Es el deporte de lujo específico del intelectual. Por eso su gesto gremial consiste en mirar al mundo con lo ojos dilatados por la extrañeza. Todo el mundo es extraño y es maravilloso para unas pupilas bien abiertas.”

 

Existe en la sociedad en general una división entre clases de personas: minorías selectas y masas. Las masas no son capaces de gobernar sus vidas, por tanto, ni pueden ni deben gobernar.

“El concepto de muchedumbre es cuantitativo y visual. […] La sociedad es siempre una unidad dinámica de dos factores: minorías y masas. Las minorías son individuo o grupos de individuos especialmente cualificados. La masa es el conjunto de personas no especialmente cualificadas.”
 
“La masa puede definirse, como hecho psicológico sin necesidad de esperara a que aparezcan lo individuo en aglomeración. Delante de una sola persona podemos saber si es masa o no. Masa es todo aquél que no se valora a sí mimo -en bien o en mal- por razones especiales, sino que se siente “como todo el mundo” y, sin embargo, no se angustia, se siente a sabor al sentirse idéntico a los demás.”
 
“Cuando se habla de “minorías selectas” [..] el que se exige más que los demás, aunque no logre cumplir en su persona esas exigencias superiores. La división más radical que cabe hacer en la humanidad es ésta, en dos clases de criaturas: las que se exigen mucho y acumulan sobre sí mimas dificultades y deberes y las que no se exigen nada especial, sino para ellas vivir es ser en cada instante lo que ya son, sin esfuerzo de perfección sobre sí mimas, boyas que van a la deriva.”
 
“La división de la sociedad en masas y minorías excelentes no es, por tanto, una división en clases sociales, sino en clases de hombres. […] en rigor, dentro de cada clase social hay masa y minoría auténtica.”
“Las masas, por definición, no deben ni pueden dirigir su propia existencia y menos regentar la sociedad”
Las masas se involucran en procesos que son, por definición, complejos y requieren una alta preparación. Tienen entonces que elegir entre dejar de participar hasta adquirir cierto grado de conocimiento o simplificar los procesos para así entenderlos y poder participar. La masa hace lo segundo descalificando la argumentación, la lógica y el uso de razón.
 
“Ahora bien: existen en la sociedad operaciones, actividades, funciones del más diverso orden, que son, por su misma naturaleza, especiales, y consecuentemente no pueden ser bien ejecutadas sin dotes también especiales. […] La masa no pretendía intervenir en ellas: se daba cuenta de que si quería intervenir tendría congruentemente que adquirir esas dotes especiales y dejar de ser masa. Conocía su papel en una saludable dinámica social.”
 
“Hoy asistimos al triunfo de una hiperdemocracia en la que la masa actúa directamente sin ley, por medio de materiales pasiones imponiendo sus aspiraciones y su gustos. En la democracia liberal, la masa presumía que, al fin y al cabo, con todos sus defectos y lacras, las minorías de lo político entendían un poco más de los problemas públicos que ellas. Ahora en cambio, cree la masa que tiene derecho a imponer y dar vigor de ley a sus tópicos de café. Yo dudo que haya otras épocas de la historia en que la muchedumbre llegase a gobernar tan directamente como en nuestro tiempo. Por eso hablo de hiperdemocracia.”
 
“Lo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuendo de afirmar el derecho a a la vulgaridad y lo impone dondequiera.”
 
“Quien no sea como todo el mundo, quien no piense como todo el mundo corre riesgo de ser eliminado. [,,,] Todo el mundo era, normalmente, la unidad compleja de masa y minorías discrepantes, especiales. Ahora todo el mundo es sólo la masa.”

 

II. La subida del nivel histórico

 

El nacimiento de los derechos que emanan del individuo simplemente por existir -es decir, no adquiridos- elevan al todos los hombres a la categoría de señor, en consecuencia, los hombres comienzan a vivir como tales, aspiran a su estilo de vida y sus formas de ocio, pero ignoran u omiten las obligaciones y responsabilidades que acarrean.

“El hecho que necesitamos someter a anatomía puede formularse bajo estas dos rúbricas: primera, las masas ejercitan hoy un repertorio vital que coincide, en gran parte, con el que antes parecía reservado exclusivamente a las minorías; la segunda, al propio tiempo, las masas se han hecho indóciles frente a las minorías; no las obedecen, no las siguen, no las respetan, sino que, por el contrario, las dan de lado y las suplantan.”
 
“Analicemos la primera rúbrica. Las masas gozan de los placeres y usan los utensilios inventados por los grupos selectos y que antes sólo éstos usufructuaban. Sienten apetitos y necesidades que antes e calificaban de refinamientos, porque eran patrimonio de pocos. […] Y no solo las técnicas materiales, sino, lo que es más importante, las técnicas jurídicas y sociales. En el siglo XVIII, ciertas minorías descubrieron que todo individuo humano, por el hecho de nacer, y sin necesidad de cualificación especial alguna, poseía ciertos derechos político fundamentales, los llamado derechos del hombre y del ciudadano, y que, en rigor, estos derecho comunes a todos son lo únicos existentes. […] Fue esto, primero, un puro teorema e idea de uno pocos; luego, eso poco comenzaron a usar prácticamente de esa idea, a imponerla y reclamarla: las minorías mejores. […] El “pueblo” sabía ya que era soberano: pero no lo creía. Hoy aquel ideal se ha convertido en una realidad, no ya en las legislaciones, que son esquemas externos de la vida pública, sino en el corazón de todo individuo, cualesquiera que sean su ideas, inclusive cuando sus ideas son reaccionarias; es decir, inclusive cuando machaca y tritura las instituciones donde aquellos derechos se sancionan.”
 
“La soberanía del individuo no cualificado, del individuo humano genérico y como tal, ha pasado, de idea o ideal jurídico que era, a ser un estado psicológico constitutivo del hombre medio […] Ahora bien: el sentido de aquellos derechos no era otro que sacar las almas humanas de su interna servidumbre y proclamar dentro de ellas una cierta conciencia de señorío y dignidad. […] Se quiere que el hombre medio sea señor. Entonces no extrañe que actúe así, que reclame todos los placeres, que imponga decidido su voluntad, que se niegue a toda servidumbre, que no siga dócil a nadie, que cuide su persona y sus ocios, que perfile su indumentaria: son algunos de los atributos perennes que acompañan a la conciencia de señorío. Hoy los hallamos residiendo en el hombre medio, en la masa.”
 
“La vida humana, en totalidad, ha ascendido. El soldado del día, diríamos, tiene mucho de capitán; el ejercito humano se compone ya de capitanes. Basta ver la energía, la resolución, la soltura con que cualquier individuo se mueve hoy por la existencia, agarra el placer que pasa, impone su decisión. Todo el bien, todo el mal del presente y del inmediato porvenir tienen en este ascenso general del nivel histórico su causa y su raíz.”

III. La altura de los tiempos

La época en la que vivimos es mejor que cualquiera de las pasadas, esto no es malo en sí, pero lo es en la medida en que el hombre de nuestra época mira al pasado por encima del hombro, siente que no tiene nada que aprender de lo ya acontecido, que todo es innovación y que los que fueron antes que nosotros no nos pueden enseñar nada. Vivimos en un tiempo superior materialmente a todos los anteriores, pero debilitado espiritualmente.
“Se dice que esta o la otra cosa no es propia de la altura de los tiempos. En efecto; no el tiempo abstracto de la cronología, que es todo él llano, sino el tiempo vital, lo que cada generación llama “nuestro tiempo”, tiene siempre cierta altitud, e eleva hoy sobre ayer, o se mantiene a la par, o cae por debajo. La imagen de caer, envainada en el vocablo decadencia, procede de esta intuición.”
 
“Hay quien se siente en los modos de la existencia actual como un náufrago que no logra salir a flote. La velocidad del tempo con que hoy marchan las coas, el ímpetu y energía con que se hace todo, angustian al hombre de temple arcaico, y esta angustia mide el desnivel entre la altura de su pulso y la altura de la época.”
 
“Cada edad histórica manifiesta una sensación diferente ante ese extraño fenómeno de la altitud vital, y me sorprende que no hayan reparado nunca pensadores e historiógrafos en hecho tan evidente y sustancioso.”
 
“La autentica plenitud vital no consiste en la satisfacción, en el logro, en la arribada.”
 
“Un tiempo que ha satisfecho su deseo, su ideal, es que ya no desea más, que se ha secado la fontana del desear. Hay siglos que por no saber renovar sus deseos mueren de satisfacción.”
 
“¿Qué diría sinceramente cualquier hombre representativo del presente a quien se hiciese una pregunta parecida? […] El hombre del presente siente que su vida es más vida que todas las antiguas. […] ¿Cómo podrá sentirse decadente? Todo lo contrario: lo que ha acaecido es que, de puro sentirse más vida, ha perdido todo respeto, toda atención hacia el pasado. Por vez primera nos encontramos con una época que hace tabla rasa de todo clasicimo, que no reconoce en nada pretérito posible modelo o norma, y sobrevenida al cabo de tantos siglos in discontinuidad de evolución, parece, no obstante, un comienzo, una alborada, una iniciación, una niñez.”
 
“¿Cuál es en resumen la altura de nuestro tiempo? No es plenitud de los tiempos, y, sin embargo, se siente sobre todos los tiempos sidos y por encima de todas las conocidas plenitudes. No es fácil de formular la impresión que de sí mima tiene nuestra época: cree ser más que las demás, y a la par se siente como un comienzo, sin estar segura de no ser una agonía. ¿Qué expresión elegiríamos? Fortísima y a la vez insegura de su destino. Orgullosa de sus fuerzas y a la vez temiéndolas.”

IV. El crecimiento de la vida.

Con la creciente globalización aumenta la confusión, la diversidad de posibilidades es tal, que la elección se torna complicada.
“El imperio de las masas y el ascenso de nivel, la altitud del tiempo que él anuncia, no son a su vez más que síntomas de un hecho más completo y general. […] Cada trozo de tierra no esta ya recluido en su lugar geométrico, sino que para muchos efectos vitales actúa en los demás sitios del planeta. […] Esta proximidad de lo lejano, esta presencia de lo ausente, ha aumentado en proporción fabulosa el horizonte de cada vida”
 
“Ahora me importa sólo hacer notar cómo ha crecido la vida del hombre en la dimensión de potencialidad. Cuenta con un ámbito de posibilidades fabulosamente mayor que nunca. En el orden intelectual encuentra más caminos de posible ideación. En los placeres acontece cosa parecida.”
 
“No quiero decir con lo dicho que la vida humana sea hoy mejor que en otros tiempos. No he hablado de la cualidad de la vida presente, sino sólo de su crecimiento, de su avance cuantitativo y potencial. Creo con ello describir rigurosamente la conciencia del hombre actual, su tono vital, que consiste en sentirse con mayor potencialidad que nunca y parecerle todo lo pretérito afectado de enanismo.”
El término “decadencia” no es sólo material.
 
“No vale hablar de decadencia sin precisar qué es lo que decae. […] Sólo hay una decadencia absoluta: la que consiste en una vitalidad menguante, y ésta sólo existe cuando se siente. Por esta razón me he detenido a considerar un fenómeno que suele desatenderse: la conciencia o sensación que toda época tiene de su altitud vital.”
 
“Vivimos en un tiempo que se siente fabulosamente capaz para realizar, pero no sabe qué realizar. Domina todas las cosas, pero no es dueño de sí mismo. Se siente perdido en su propia abundancia. Con más medios, más saber, más técnicas que nunca, resulta que el mundo actual va como el más desdichado que haya habido: puramente a la deriva.”
 
“De aquí esa extraña dualidad de prepotencia e inseguridad que anida en el alma contemporánea. […] Todo el que se coloque ante la existencia en una actitud seria y se haga de ella plenamente responsable, sentirá cierto género de inseguridad que le incita a permanecer alerta. […] La seguridad de las épocas de plenitud es una ilusión óptica que lleva a despreocuparse del porvenir, encargando de su dirección a la mecánica del universo.”
Cuando las minorías selectas se adormecen y callan, las masas actúan.
 
“No podrá extrañar que hoy el mundo parezca vaciado de proyectos, anticipaciones e ideales. Nadie se preocupó de prevenirlos. Tal ha sido la deserción de las minorías directoras, que se halla siempre al reverso de la rebelión de las masas.”
 

V. Un dato estadístico.

 
“Nuestra vida, como repertorio de posibilidades, es magnífica, exuberante, superior a todas las históricamente conocidas. Mas por lo mismo que su formato es mayor, ha desbordado todos los cauces, principios, normas e ideales legados por la tradición. Es más vida que todas las vidas, y por lo mismo más problemática. No puede orientarse en el presente (no nos dirá e pretérito lo que debemos hacer, pero sí lo que debemos evitar). Tiene que inventar su propio destino.”
Reflexión más profunda -y menos política- sobre la fatalidad de la libertad.
 
“La vida no elige su mundo, sino que vivir es encontrarse, desde luego, en un mundo determinado e incanjeable: en éste de ahora. Nuestro mundo es la dimensión de fatalidad que integra nuestra vida. Pero esta fatalidad vital no se parece a la mecánica. No somos disparados sobre la existencia como la bala de un fusil, cuya trayectoria está absolutamente predeterminada. La fatalidad en que caemos al caer en este mundo consiste en todo lo contrario. En vez de imponernos una trayectoria, nos impone varias y, consecuentemente nos fuerza… a elegir. […] Vivir es sentirse fatalmente forzado a ejercitar la libertad, a decir lo que vamos a ser en este mundo. […] Inclusive cuando desesperados nos abandonamos a lo que quiera venir, hemos decidido no decidir.” 
 
Niega que las circunstancias configuren plenamente al individuo. Efectivamente las decisiones que tomamos en nuestra vida con configuran, pero sólo en la medida en que cada elección define nuestro carácter.
 
“Es, pues, falso decir que en al vida “deciden las circunstancias”. Al contrario: las circunstancias son el dilema, siempre nuevo, ante el cual tenemos que decidirnos. Pero el que decide es nuestro carácter.”
Sobre la falta de proyecto vital.
 
“Si observa la vida pública de los países donde el triunfo de las masas ha avanzado más, sorprende notar que en ellos se vive principalmente al día. […] El poder público se halla en manos de un representante de masas. Éstas son tan poderosas, que han aniquilado toda posible oposición. Son dueñas del Poder público, el Gobierno, vive al día. […] Sin programa de vida, sin proyecto. No sabe dónde va porque, en rigor, no va, no tiene camino prefijado, trayectoria anticipada. Ciando ese Poder público intenta justificarse, no alude para nada al futuro, sino, al contrario, se recluye en el presente. […] Su actuación se reduce a esquivar el conflicto de cada hora, empleando los medios que sean, aun a costa de acumular con su empleo mayores conflictos sobre la hora próxima. […] El hombre-masa es el hombre cuya vida carece de proyecto y va a la deriva. […] Y este tipo de hombre decide en nuestro tiempo.”
Tema recurrente de este libro, la ausencia -e incluso crítica- al hombre alejado de la técnica, intelectual, diletante.
 
“Han sido proyectados a bocanadas sobre la historia montones y montones de hombres en ritmo tan acelerado, que no ha sido fácil saturarlos de la cultura tradicional. El tipo medio del actual hombre europeo posee un alma más sana y más fuerte que las del pasado siglo, pero mucho más simple. De aquí que a veces produzca la impresión de un hombre primitivo surgido inesperadamente en medio de una viejísima civilización. En las escuelas que tanto enorgullecían al pasado siglo, no ha podido hacerse otra cosa que enseñar a las masas las técnicas de la vida moderna, pero no se ha logrado educarlas. Se les han dado instrumentos para vivir intensamente, pero no sensibilidad para los grandes deberes históricos; se les ha inoculado atropelladamente el orgullo y el poder de los medios modernos,, pero no el espíritu. Por eso no quieren nada con el espíritu, y las nuevas generaciones se disponen a tomar el mando del mundo como si el mundo fuese un paraíso sin huellas antiguas, sin problemas tradicionales y complejos.”
 
“Si ese tipo humano sigue dueño de Europa y es definitivamente quien decide […] las técnicas jurídicas y materiales se volatilizarán. La vida se contraerá. La actual abundancia de posibilidades se convertirá en efectiva mengua, escasez, impotencia angustiosa; en verdadera decadencia. Porque la rebelión de las masas es una y misma cosa con lo que Rathenau llamaba “La invasión vertical de los bárbaros”.
 
 

 

VI. Comienza la disección del hombre masa.

Sobre el hombre medio y su derecho a no tener problemas.
“Es falso decir que la historia no es previsible. Innumerables veces ha sido profetizada. Si el porvenir no ofreciese un flanco a la profecía, no podría tampoco comprendérsele cuando luego se cumple y se hace pasado.”
 
“Nunca ha podido el hombre medio resolver con tanta holgura su problema económico. Mientras en proporción menguaban las grandes fortunas y se hacía más dura la existencia del obrero industrial, el hombre medio de cualquier clase social encontraba cada día más franco su horizonte económico. Cada día agregaba un nuevo lujo al repertorio de su standard vital. Cada día su posición era más segura y más independiente del arbitro ajeno. Lo que antes se hubiera considerado como un beneficio de la suerte que inspiraba humilde gratitud hacia el destino, se convirtió en un derecho que no se agradece, sino que se exige.”

Los verdaderos causantes del ascenso de la calidad de vida.

“A esta facilidad y seguridad económicas añádense las físicas: el comfort y el orden público. […] En todos estos órdenes elementales y decisivos la vida se presentó al hombre nuevo exenta de impedimentos. […] No hay nadie civilmente privilegiado. El hombre medio aprende que todos los hombres son legalmente iguales.”
 
“Se crea un nuevo escenario para la existencia del hombre, nuevo en lo físico y en lo social. Tres principios han hecho posible ese nuevo mundo: la democracia liberal, la experimentación científica y el industrialismo. Los dos últimos pueden definirse en uno: la técnica.”
Lo que el hombre medio lleva siendo a lo largo de toda su historia frente a lo que es hoy.
 
“El siglo XIX colocó al hombre medio en condiciones de vida radicalmente opuestas a las que siempre le habían rodeado. […] Para el vulgo de todas las épocas, vida había significado, ante todo, limitación, obligación, dependencia: en una palabra, presión […] u opresión, con tal de que no se entienda por esta sólo la jurídica y social, olvidando la cósmica. […] Antes, incuso para el rico y poderoso, el mundo era un ámbito de pobreza, dificultad y peligro.”
 
“El mundo que desde el nacimiento rodea al hombre nuevo no le mueve a limitarse en ningún sentido, no le presenta veto ni condición alguna, sino que, al contrario, hostiga sus apetitos que, en principio, pueden crecer indefinidamente.”
La idea de que el crecimiento y la mejora de la calidad de vida existe per se, a priori. En realidad es una fórmula artificial, fruto de siglos de búsqueda que debe y merece ser preservada.
 
“Ese mundo no sólo tiene las perfecciones y amplitudes que de hecho posee, sino que además sugiere a sus habitantes una seguridad radical en que mañana será aún más rico, más perfecto y más amplio, como si gozase de un espontáneo e inagotable crecimiento.”
 
“El hombre vulgar, al encontrarse con ese mundo técnica y socialmente tan perfecto, cree que lo ha producido la Naturaleza y no piensa nunca en los esfuerzos geniales de individuos excelentes que supone su creación.”
En su ensayo “España invertebrada” trata el tema del “particularísimo” con mucha más profundidad. Básicamente, desconocer de donde viene todo lo que tenemos hoy en día configura a un individuo mimado, desagradecido, egoísta, que no cuenta con los demás, y se cree superior a todos.
 
“La libre expansión de sus deseos vitales, por tanto, de su persona, y la radical ingratitud hacia cuanto ha hecho posible la facilidad de su existencia. Uno y otro rasgo componen la conocida psicología del niño mimado. […] Mimar es no limitar los deseos, dar la impresión a un ser que todo le está permitido y a nada está obligado. […] A fuerza de evitarle toda presión en derredor, todo choque con otros seres llega a creer efectivamente que sólo él existe, y se acostumbra a no contar con los demás sobre todo a no contar con nadie superior a él. Esta sensación de la superioridad ajena sólo podía proporcionársela quien, más fuerte que él, le hubiese obligado a renunciar a un deseo, a reducirse, a contenerse. Así habrá aprendido esta esencial disciplina: “Ahí concluyo yo y ahí comienza otro que es más que yo. En el mundo por lo visto, hay dos: yo y otro superior a mí.” Al hombre medio de otras épocas le enseñaba cotidianamente su mundo esta elemental sabiduría, porque era un mundo tan toscamente organizado, que las catástrofes eran frecuentes y no había en él nada seguro, abundante, ni estable.”
 
“Ningún ser humano agradece a otro el aire que respira, porque el aire no ha sido fabricado por nadie: pertenece al conjunto de lo que “esta ahí”, de lo que decimos “es natural” porque no falta. Estas masas mimadas son lo bastante poco inteligentes para creer que esa organización material y social, puesta a su disposición como el aire, es de su mismo origen, ya que tampoco falla, al parecer, y es casi tan perfecta como la natural.”
 
“La perfección misma con que el siglo XIX ha dado organización a ciertos órdenes de la vida es origen de que las masas beneficiarias no la consideren como organización, sino como naturaleza. […] No les preocupa más que su bienestar y al mismo tiempo son insolidarias con la causa de ese bienestar. Como no ven en las ventajas de la civilización un invento y construcción prodigiosos, que sólo con grandes esfuerzos y cautelas se puede sostener, creen que su papel se reduce a exigirlas parentoriamente, cual si fuesen derechos nativos. En los motines que la escasez provoca suelen las masas populares buscar pan, y el medio que emplean suele ser destruir las panaderías. Esto puede servir como símbolo del comportamiento que en más vastas y sutiles proporciones usan las masas actuales frente a la civilización que las nutre.”
La rebelión de las masas.

Lengua y síndrome de Diógenes

El otro día leí este artículo de opinión en El País. Plantea un debate muy interesante, desde un punto de opinión con el que estoy en profundo desacuerdo, y cuyos argumentos quiero comentar y contestar.

En el texto nos encontramos fragmentos como los siguientes:

“…el inglés en el que se expresa el 90% de la población mundial que lo habla es un idioma de aeropuerto, que sirve para averiguar dónde está el retrete y poco más.”

“…cuando Dios confundió las lenguas de los habitantes de Babel, obligándolos a organizarse en grupos lingüísticos que tomaron diferentes direcciones, comenzó, desde mi punto de vista, la cultura. En otras palabras, la cultura se inaugura al mismo tiempo que la diferencia.”

“…el inglés, que la mayoría de las personas habla de un modo aproximado, y no para preguntarse precisamente quiénes son, adónde van o de dónde vienen, que es para lo que lo utilizaba Shakespeare, sino para averiguar dónde está el cuarto de baño. Hay gente que se las arregla con un vocabulario de 70 u 80 palabras, lo que para el pensamiento es tan peligroso como para la biología que nos manejáramos con un esperma que no contuviera más de 70 u 80 espermatozoides.”

“Da lugar a ese fenómeno que llamamos pensamiento único. La globalización, entendida como homogeneización, es la muerte.”

El texto plantea dos ideas principales: la primera (citas primera y tercera) me parece inofensiva y fácil de tratar por lo ridícula y superficial que resulta, y es la que comentaré primero. La segunda idea (citas segunda y cuarta), sin embargo, es más difícil de tratar por su complejidad y profundidad y, sobre todo, por los sentimientos irracionales que suele despertar en nosotros. En ella es donde creo que hay un debate importante, necesario e interesante.

Empezamos por la primera: el autor expresa su preocupación ante la idea de que, en un hipotético futuro en el que poco a poco el inglés se imponga como lengua predominante a costa de la desaparición paulatina del resto de lenguas, acabemos todos hablando un inglés macarrónico que nos convierta en seres simplones incapaces de concebir ideas y pensamientos de más altura que aquellos necesarios para preguntar dónde está el cuarto de baño, cuánto cuesta el perrito caliente o vente a mi casa, que estoy solo. Es obvio que si en la actualidad el 90% de la población que habla inglés no es capaz de desarrollar con él líneas y discursos de razonamiento filosóficos existenciales con el nivel léxico necesario, o no encuentran el adjetivo correcto para describir la sensación que les transmite un cuadro cubista (harmonious, por ejemplo), es muy probable que se deba a que ese 90% no es angloparlante sino que tiene otra lengua como lengua materna, con la que sí es capaz de expresarse y describir conceptos y sentimientos complejos, siempre hasta donde su nivel cultural –en el que influyen factores que nada tienen que ver con el idioma materno– le permite. Así, el inglés es idioma de aeropuerto únicamente para aquel que lo necesita y usa solo en el aeropuerto, no cuando prevalece como primer idioma, ya que un tipo nacido en Inglaterra no habla un inglés de aeropuerto y de la misma forma no tiene sentido pensar que, de imponerse el inglés o cualquier otro idioma como lengua global, y en el caso extremo –que es el que el autor plantea– de que lo hiciera como lengua primera e incluso única de los ciudadanos del mundo, imponiéndose y eliminando al resto de lenguas, los ciudadanos del mundo fuéramos a hablar un inglés de aeropuerto. Y de nacer niños, pongamos en España, que en vez de español tuvieran el inglés como primera lengua o lengua materna, y lo emplearan en su vida de igual forma que nosotros empleamos el español en la nuestra, su inglés no sería –como el autor describe desacertadamente en el artículo– un inglés “para averiguar dónde está el retrete” o pedir un “cup de café con leche”, sino un inglés nativo, que les proporcionaría las mismas herramientas y posibilidades para expresarse lingüística y artísticamente que el inglés que pueda hablar un tipo nacido en Manchester o Boston. Pienso que sobre esto no debería haber ninguna duda.

A continuación nos debemos plantear la pregunta que nos introducirá en la segunda parte: ¿tienen un americano, un alemán, un chino, un mexicano o un francés, por el único hecho de hablar sus respectivos idiomas, capacidades diferentes de expresión lingüística o artística, o de generar y transmitir todo tipo de productos intelectuales? Mi respuesta a dicha pregunta es que no. Cualquier mensaje o idea que pueda ser verbalizada en un idioma, puede ser a su vez verbalizada y comunicada de forma precisa en otro, y no veo razón alguna para pensar lo contrario. Cervantes escribió El Quijote en español –porque él era español– y todo el contenido intelectual de El Quijote ha sido traducido, leído y comprendido por personas no hispanohablantes. El español tiene matices propios, como cada lenguaje, y El Quijote los lleva consigo en la forma de ser escrito, pero ello no ha impedido transmitir sus ideas esenciales al resto del mundo. Y lo más importante: El Quijote no tenía que ser escrito en español. Si Cervantes, en vez de español, hubiera hablado inglés o portugués, lo habría podido escribir exactamente igual, y la obra habría sido la misma, idéntica. Tal vez, si acaso, otros habrían entendido ciertos matices mejor que nosotros, pero la obra, el mensaje que se transmite, no tendría por qué sufrir merma alguna. La única limitación para la comunicación no es el lenguaje en el que la obra sea escrita, sino que haya lectores que la necesiten traducida. Y de idéntica forma habría escrito Nietzsche Así Habló Zaratustra si hubiera hablado árabe, aun no pudiendo hacer sus juegos de palabras en alemán. O Giacomo Puccini Nessun Dorma.

¿Realmente hay motivos para afirmar que la diversidad de lenguas es algo bueno en sí mismo? ¿Qué cultura se perdería si todos nos comunicáramos en un mismo idioma? Ninguna. Al contrario: serían muchísimas las ventajas vivir en un mundo donde todos pudiéramos apreciar mejor todos los matices, todos los mensajes e ideas en su riqueza, sin problemas de traducción. La lengua no tiene ningún valor en sí misma, solo tiene valor lo que se transmite con ella. Las lenguas actuales solo tienen valor en tanto que son habladas por nosotros, y por puro instinto de supervivencia, les solemos dar un valor sentimental y rechazamos la idea de que otra lengua predominante se imponga en detrimento de la nuestra. Porque nuestra lengua materna, por ser tal para nosotros, cada uno en particular, es insustituible por otra. Sin embargo, no por ellos debemos dejar de plantear que, probablemente, un mundo futuro donde todas las personas hablaran una misma lengua, incluso si ello supusiera la desaparición de otras lenguas, sería un mundo mejor para los que en él nacieran. Y no tiene sentido darle un valor superior y absoluto a nuestra lengua, más allá de lo racional, de lo estético, del carácter puramente práctico que tiene para nosotros y de lo ligados que estamos a ella por hechos circunstanciales. Porque como hemos dicho, podríamos vivir, pensar, decir y sentir las mismas cosas, habláramos español o inglés. Seríamos las mismas personas, y pensaríamos lo mismo y de igual forma a como pensamos ahora. Y lo mismo ocurriría con los que nos rodean.

Me parece este es un debate interesante e importante por dos razones: en primer lugar, porque nos puede alejar de ideas irracionales, erróneas y, en ocasiones, peligrosas. Es falso y ridículo decir, como el autor del artículo, que en la diversificación de lenguas se produce a su vez la diversificación de pensamiento. Es asociar el idioma en el que hablas a la forma en la que piensas; afirmar que yo tengo más en común, como individuo y en mi sistema de valores y esencia, con un tipo que vive en Paraguay, por la simple razón de que ambos hablamos español, y menos en común con otra persona que vive en Argelia o Noruega. ¿Acaso por hablar con alguien que comparte tu idioma materno, pasáis a compartir también determinados esquemas mentales, tenéis mismas opiniones? ¿Hay más gente parecida a mí en México que en Alemania? El destrozar el individualismo y hacer denominador común entre las personas de esa forma no es cultura, ni es progreso. Somos lo que pensamos, lo que sentimos, escribimos, pintamos, creamos y hablamos. No somos nuestro barrio, nuestro país o nuestro idioma. Somos nuestro sistema de valores, nuestros objetivos vitales y nuestro entorno solo en la medida en la que nuestro entorno nos ha influenciado en todo lo anterior citado. Ni más, ni menos. Por tanto, basta de decir que soy filósofo y serio porque soy alemán, o romántico porque soy francés, o valiente porque soy inglés, o civilizado porque soy sueco o apasionado porque hablo español. Nada de eso nos define. No somos nuestro vecino.

En segundo lugar, este debate, además de evitar estos peligros, puede facilitar que avancemos hacia delante. Si damos a nuestro idioma el valor que le corresponde y de forma altruista admitimos que un eventual futuro sin barreras lingüísticas podría ser mejor para nuestros hijos, aunque no para nosotros, estaremos más cerca de poder ofrecerles dicho futuro, al cual no esperamos asistir. La barrera para ello es grande, pero no proviene de las lenguas ni de ninguna limitación logística más allá –que no es poco– de la irracionalidad de los mundiales parlantes. No espero llegar a ver a la población global elegir y aceptar un plan común para universalizar de forma progresiva un mismo idioma, pongamos el inglés, que haga peligrar el predominio del resto de lenguas durante las posteriores generaciones. Sin embargo, no por ello quiero dejar de decir que tal cosa podría ser el mejor camino a seguir, y plantearlo aquí así. Estaría bien empezar cuanto antes.

Lengua y síndrome de Diógenes

Lecturas de domingo

  • Cuando los dobladores son los protagonistas: artículo en la Esquire sobre el corto “Para Sonia” de Sergio Milán, que concursa en el JAMESONNOTODOFILMFEST y que me ha parecido una maravilla.

  • Elon Musk: The World’s Raddest Man: Elon Musk ha invitado a Tim Urban a ver sus fábricas de Tesla y SpaceX para que transmita más interés a la población sobre las nuevas necesidades globales que intenta resolver, y Tim Urban nos lo cuenta.

  • “Para tener éxito hay que ser un monstruo, un inadaptado y estar loco”: dicho por la ex mujer de Elon Musk. También hay que tener en cuenta el reverso de la moneda. Un artículo interesante y corto de El Economista.

  • Future Of Work: Mindfulness As A Leadership Practice: un artículo muy interesante de Jeanne Meister para Forbes sobre los beneficios de la práctica del Mindfulness y cómo se está viendo corroborado con varias empresas importantes de distintos tipos y filosofía –desde Google a Goldman Sachs– promoviendo dicha actividad entre sus empleados. El Mindfulness es un ejercicio mental que yo también he comenzado a practicar estas últimas semanas a través de Headspace, que ofrece 10 días de prueba más posterior suscripción y que me está gustando bastante (ya voy por la tercera tirada de 10). Aparte de la sensación placentera de relajación que obtienes tras cada sesión, supone un entrenamiento de la mente muy sano y efectivo para ser capaces de mantener mejor la atención, tanto en nuestras actividades diarias y nuestro entorno como conectando con nosotros mismos, es decir, ser más realistas y conscientes de nuestras sensaciones físicas y mentales, lo cual nos da una mayor claridad y solidez, y una capacidad de calibración mayor. Ser capaces de mantener la vista fija en la realidad propia y aceptarla. Sin duda es un asunto curioso sobre el que se puede comentar bastante.

  • La envidia y el síndrome de Solomon: de Borja Vilaseca para El País en mayo de 2013, sobre un experimento que demuestra una realidad muy cruda sobre nuestra psicología social y la bestial influencia que sobre nosotros pueden tener los demás. Un gran trabajo.

  • How (And Why) To Travel Alone: me ha gustado mucho este post de un americano llamado Alex Schiff en Medium sobre su experiencia de reset viajando por Europa solo. Me parece perjudicial, en línea con el artículo anterior sobre las presiones sociales, el estigma que a veces transmitimos en diferentes culturas sobre el hecho de realizar actividades solo, y ser capaz de disfrutar y aprovechar las ventajas que tiene la soledad, especialmente en determinados momentos. El realizar actividades con gente o solo es algo que, como todo, tiene puntos positivos y puntos negativos respectivos y depende de diversas circunstancias personales, pero por otra parte siempre se debe ser consciente de que hay que buscar cierto equilibrio entre ambas, y de que algunas veces será mejor una, y otras veces otra. No es una obligación llamar a alguien para que te acompañe, tiene que haber variedad. Hay que ser realistas y y honestos con nosotros mismos –y no con lo que vayan a pensar los demás– para saber decir cuándo necesitamos estar solos con nosotros mismos, y cuándo no, sin tener que sentirnos por ello unos marginales desarraigados. Lo que cuenta este americano sobre lo feliz que fue viajando solo es una prueba de ello, y estoy seguro de que para él fue una experiencia tremendamente enriquecedora que le hizo más sabio, no solo por la cantidad de experiencias nuevas que vivió en Europa, sino por el saber disfrutar y aprender observándose a uno mismo mientras tanto. A la mayoría de nosotros nos vendría muy bien algo similar.

  • Ronaldinho, rey breve: artículo de Carlos Zúmer para la Jot Down sobre la ascensión meteórica y posterior declive de Ronaldinho. Aparte del aspecto sentimental y estético que supone recordar las maravillas que consiguió hacer, también es una historia interesante no solo de talento, sino también de la motivación para explotar ese talento, qué causas son las que nos pueden empujar a dar lo mejor de nosotros mismos, y los peligros que el éxito trae cuando tocamos techo y no nos hemos planteado nuevos límites a los que progresar y por los que pelear. Es un claro ejemplo de cómo la felicidad no viene dada por conseguir un logro puntual, que nos da una satisfacción instantánea tras la cual puede no quedar más que vacío, sino por un progreso y un camino de muchos incrementos pequeños, de una lucha contra uno mismo que de por sí ya constituye nuestro objetivo. No trabajar por metas discretas que tras superarse se pierden, sino por pautas convertidas en virtud.

  • No te culpabilizo por lo que haces, hija mía. La culpa es del demonio: la opinión de Tsevan Rabtan es sin duda de las que más respeto en casi cualquiera de los temas que suele tratar en su blog, en Jot Down donde colabora, y antes en Twitter. Supone muchas veces una gran cura ante la irracionalidad y el engaño al que muchas veces nos incitan las masas y los medios. Cuando individuos recalentados intentan vestir de racionalidad y vendernos como algo moral e intelectualmente superior aquello que no responde sino a meras pulsiones irracionales, Tsevan Rabtan pone de manifiesto con brutal lógica y brillantez las contradicciones que todo pensamiento irracional y erróneo trae consigo. Y es realmente ilustrativo, porque muchos de los temas que a veces nos incitan a tratar de forma banal e intuitiva –usando el sentido común, como quien dice– resultan ser más complejos y menos intuitivos de lo que al inicio pensamos, y requieren un poco más de disección y profundidad. Esta es una de sus grandes luchas personales, y es gracias a ella y a sus esfuerzos por lo que aprendo tanto con muchos de estos artículos que me incitan a pensar y a revisar mis razonamientos, y que recomiendo como lectura obligatoria.

  • ¿Necesitamos más científicos?: artículo de Cristina F. Pereda para El País sobre la cuestión de promover más o menos los estudios de Humanidades en el sistema educativo, frente a las más pragmáticas disciplinas de Ciencias. En mi opinión, un sistema educativo responsable no debe buscar solo la inserción laboral rápida y fija de los individuos, y medir la conveniencia de una carrera u otra en función de las perspectivas profesionales que ofrezca. Eso me parece una actitud demasiado simple y cortoplacista, que deja de lado otras cuestiones de largo plazo y de conjunto, como qué tipo de personas y personalidades estamos fomentando, si tienen pensamiento crítico y si son capaces de razonar por si mismos y de forma consecuente con unos determinados valores fundamentales. La verdad, me dan un poco de miedo estos dirigentes que solo buscan bajadas en las cifras del paro en el tiempo que dure su mandato, incrementando la mano de obra en industrias tecnológicas de rápida expansión y absorción, y creando sociedades con ejércitos de ingenieros que se meten en esta carrera tecnológica, sin unos criterios fundamentales y una sociedad con capacidad de reflexión que antes sepa debatir y responder a los diferentes dilemas morales que el desarrollo trae consigo. Aparte de esto, y tal y como defienden los educadores que luchan por un mejor sistema educativo, no dudo de los beneficios que las Artes y Humanidades pueden aportar al individuo –ingeniero o no– en la base de su aprendizaje, tanto para una eventual labor de técnico, como para el resto de aspectos de su vida.
Lecturas de domingo

Lecturas de martes: lo que ocurre más allá

  • Baltimore: Roger Senserrich comenta en Politikon los graves disturbios que comenzaron ayer en Baltimore en protesta por la brutalidad policial, con la muerte del afroamericano Freddie Gray por rotura de columna vertebral como gota que ha colmado el vaso, después de una detención cuyas razones son aún confusas.

  • China’s and India’s charity in Nepal has a hidden political agenda: artículo de Manu Balachandran y Heather Timmons en Quartz sobre los intereses de China e India en expandir su área de influencia en Nepal, aprovechando las necesidades del país tras la catástrofe del terremoto para hacer alarde de poderío humanitario y participar en la reconstrucción de un territorio cuya localización les resulta a ambos clave. Otro artículo en El Mundo publicado hoy trata el mismo asunto.

  • ISIS: Testimonios del horror: un reportaje de Nacho Carretero de finales de marzo en el que ilustra de forma breve y clara las claves para entender el origen del Estado Islámico, junto con testimonios de varios refugiados. Cuánto aprendo siempre que leo a este tipo, es un periodista colosal.

  • Somos un proyecto abierto: Revista5W se presenta y responde en Medium a las preguntas más importantes sobre en qué consistirá dicho proyecto. Me ha parecido interesante, me gusta que salgan iniciativas de este tipo que enriquezcan el periodismo y espero que les vaya muy bien.

  • Spykman’s World, por Francis P. Sempa: un análisis publicado en American Diplomacy sobre la obra y reflexiones de Nicholas Spykman (1893-1943), considerado uno de los padres de la geopolítica en los Estados Unidos, que ya en la primera mitad del siglo XX supo dilucidar cuál sería el mapa geopolítico y los centros de gravedad de poder en el mundo posterior a las dos guerras mundiales, inclusive el actual, y los elementos clave que rigen las luchas entre las grandes potencias en su particular partida de ajedrez. Una lectura que me habían recomendado como introducción al tema de la geopolítica y que me ha parecido a la vez muy intuitiva e interesante, un conocimiento de altura que puede ayudar a comprender cómo funciona el mundo e ilustrarnos bastante.

  • John Oliver sobre moda: para terminar, The Best And Brightest nos enlaza el último vídeo de John Oliver, en el que explica y critica con su habitual estilazo e ironía toda la basura que se esconde bajo la alfombra de la gigantesca industria textil. Una joya.
Lecturas de martes: lo que ocurre más allá

Lecturas de domingo

Lecturas de domingo

Odín Dupeyrón, millenials y buenrrollismo Coca-Cola

Hoy me he encontrado este fragmento de una entrevista a Odín Dupeyrón, tipo al que no conocía, en un late show mexicano. Me ha gustado mucho porque, con una gran habilidad de discurso, relata de forma acertada un problema que en la actualidad nos encontramos con frecuencia, y es la descripción descompensada que se le da a la gente de qué es la felicidad y por tanto –dado que todos por lo general queremos ser felices– cómo deben ser sus vidas para poder considerarse felices.

La felicidad es algo muy complejo de describir. Es difícil para uno mismo describir qué es la felicidad propia, y es aún más ambicioso pretender describir la felicidad ajena, o incluso la de grandes grupos de personas. Depende de las individualidades de cada uno, de su personalidad, de su cultura y de sus experiencias, y variará la definición que le demos a lo largo del tiempo, si es que alguna vez conseguimos definirla del todo. Ni nosotros somos psicológicamente estáticos, ni el mundo que nos rodea deja de girar, y lo mismo pasará con nuestras emociones.

En los últimos años hemos vivido unos cambios culturales y generacionales interesantes, y un viraje en el discurso sobre cómo debemos afrontar la vida, así como nuestras experiencias vitales, profesionales y personales. Antes, se nos daba un guión y nuestra misión era cumplir con dicho deber: cursar nuestros estudios, conseguir un puesto estable, ganar dinero, casarnos, comprarnos una casa y formar una familia. Por ejemplo. Lo importante no es estar de acuerdo en qué hacíamos o si lo cumplíamos o no, sino el hecho de que estaba meridianamente claro cómo debía ser. Todo esto favorecido por diferentes factores externos que invitaban a un comportamiento más estático que el actual, como una mayor estabilidad económica o una menor capacidad de movimiento geográfico de las personas y también de la información, previa a la globalización y el acceso masivo a internet. Esto tenía partes negativas y también partes positivas, dependiendo en gran medida de qué papel te tocara vivir y de tus circunstancias personales, como con todo.

Sin embargo, ahora el mundo avanza mucho más rápido, siguiendo un desarrollo exponencial, y nos enfrentamos a nuevos retos cada vez con más frecuencia y complejidad, lo cual nos lleva a la necesidad de adoptar un comportamiento mucho más flexible y a un cambio profundo de mentalidad.

La primera y más importante de las partes de este cambio ha sido darnos cuenta de que, al ritmo al que avanzan las cosas, muchas de las lecciones que habían valido hasta muy recientemente ya no nos sirven, y el guión que a nuestros padres y abuelos daba resultados aceptables se ha quedado anticuado. Un ejemplo que nos sirve para ilustrar dicho fenómeno es el de la educación en las escuelas y siguiendo con las carreras profesionales, cuando descubrimos que no tiene sentido basar nuestra formación en que instituciones terceras nos enseñen A, B y C, si para cuando terminemos de aprender C y salgamos del proceso de formación descubriremos que debemos aprender solos D, E y F, o que se han descubierto G, H e I. Básicamente, la capacidad de aprender y adaptarse a contenidos y problemas nuevos, se convierte en algo más importante y valioso en sí mismo que los propios contenidos, y es a lo que los sistemas de enseñanza urge hacer frente más que nunca: que los alumnos, más que aprender A, B y C, aprendan a aprender D, E, F y lo que venga. Dar prioridad al continente sobre el contenido. Y dado que nosotros no podemos saber qué es lo que el individuo necesitará saber en el futuro, proveerle de herramientas para que pueda descubrirlo por sí mismo y se adapte de forma individual. Y en esto se resume la primera parte del cambio, que comienza en la educación y que se extiende al resto de ámbitos: ante un futuro incierto, llamar al individuo a que desarrolle su autonomía y libertad, que tome decisiones y defina un camino propio, único y especial en su singularidad, animado ante la perspectiva de un futuro brillante de infinitas posibilidades y opciones de felicidad, sobre el que (se le dice) él es el único responsable.

La segunda parte de este cambio es que, aparte de surgir como necesario, viene propiciado por un cambio de factores externos que antes comentamos, como la generación, distribución y democratización masiva de la información, los nuevos modelos de negocios basados en dicha información, nuevas infraestructuras que favorecen la movilidad de personas y en definitiva una mayor libertad para viajar, informarnos, comunicarnos, conectar con los demás, ofertar, buscar, comprar y trabajar o emprender por nuestra cuenta y riesgo.

Este cambio en la mentalidad y los nuevos escenarios que con él vienen nos proporcionan un mayor número de posibilidades que se abren ante nosotros y que solo nosotros podemos escoger. Esto, por una parte, hace de la vida algo más excitante y prometedor, y nos debería impulsar a desarrollar esta nueva libertad para crecer como individuos libres y aspirar, no a seguir un guión marcado por terceros –ya que ya no valen dichos guiones– sino a crear un guión propio, nuestra propia estrategia, que será así diferente y diversa entre unos y otros, pero que casi siempre coincidirá en una meta última, que es la de ser lo más felices posibles. Nosotros, como individuos, buscando y llegando a nuestra misión vital personal. Se le dice a las personas que no tienen que vivir siguiendo un camino marcado y respondiendo ante los demás, sino que tienen la capacidad y la responsabilidad de buscar y crear el suyo propio, dependiendo así exclusivamente de sí mismos para lograr la única meta que sigue poniendo a todos de acuerdo, que es la de ser –y saberse– felices.

Y a partir de aquí aparece la otra cara de la moneda, que es que si tenemos la libertad para elegir aquello que queremos vivir –o así lo creemos– nos sentiremos responsables de los resultados que obtengamos y nos preguntaremos si la decisión que hemos tomado es la correcta que nos hace más feliz o si por el contrario hemos dejado escapar una oportunidad mejor. La soledad del líder ante un presente complejo y un futuro difuso.

Creo que todos estamos de acuerdo en que un futuro con ciudadanos más maduros, libres, responsables y con incentivos y posibilidades accesibles para desarrollarse, es una perspectiva muy positiva, y una evolución natural hacia lo mejor. Sin embargo, no deja de plantear ciertos retos y desequilibrios que todo movimiento provoca por inercia y que hay que detectar y compensar.

Nos encontramos, por ejemplo, con lo que cuenta Odín Dupeyron en el vídeo arriba expuesto, y que también trata de forma magistral, poniéndole nombre y apellidos al tema, Alejandro García –que tampoco conocía– en el artículo que ha publicado hoy en la Jot Down titulado Psicología positiva: y sonreirás sobre todas las cosas. Resumiendo, ambos destacan el peligro y las consecuencias de decirle a la gente que es responsable absoluta de conseguir o no ser feliz, dándoles al mismo tiempo una visión errónea y sesgada de qué significa ser feliz, que lleva a contradicciones, confusiones y frustración. Ante la ausencia de una autoridad social y cultural que nos dé un guión común sobre qué tenemos que hacer en nuestra vida, y la carga adicional de responsabilidad y libertad sobre el individuo, surgen nuevas corrientes y voces independientes, como esta de la psicología positiva. Y vemos que no es la primera vez que ocurre esto, y que ya en el siglo XIV surgió otro movimiento como el Humanismo, ligado al Renacimiento y al paso del mundo medieval al mundo moderno, que también tuvo su origen en la ruptura de viejos moldes y la reivindicación del individuo, y que Alejandro García menciona en su artículo por haber adolecido de defectos similares al que ahora tiene la psicología positiva.

En mi opinión, los aspectos negativos de estos movimientos como la psicología positiva aparecen al combinarse dos fenómenos que se retroalimentan entre sí: el primero es el ruido; un flujo ingente de mensajes difíciles de filtrar, en los que muchas veces se peca de una excesiva simplicidad y generalización, buscando ofrecer soluciones a problemas complejos que se puedan aplicar al mayor público posible y que atraigan a dicho público con textos de rápida absorción y fáciles de entender, que más que inducirnos a la reflexión buscan producirnos satisfacción instantánea. Cuando la demanda responde positivamente ante esto, se agrava el problema y sucede lo que ahora tanto se critica, que es la “mercantilización” de la felicidad, con frases eslogan y filosofía de autoayuda barata que no hace sino distorsionar y ofrecer unas expectativas de felicidad sesgadas que no se corresponden con la realidad, y que combinadas con una llamada a la responsabilidad sobre el rumbo de uno mismo, pueden generar frustración. Como dice el artículo de Alejandro García:

“Mientras que por una parte se alimenta de un individualismo exacerbado que subraya nuestra propia responsabilidad, y de nadie más, en el éxito o fracaso vital […], por el otro estigmatiza uno de los resultados posibles de nuestras elecciones.”

“Cuando eres el único responsable de todo lo que te ocurra en la vida, pero hay una fuerte presión social que te empuja a tener que ser feliz sin interrupción y sin margen de error, la neurosis está servida.”

Una vez dicho esto, añado que dentro de la literatura sobre desarrollo personal, hay libros y autores de grandísimo valor y utilidad disponibles para inducirnos a la reflexión y señalarnos una senda de aprendizaje con lecciones magistrales y una sabiduría seria, rigurosa y genuina. Es una pena que, en ocasiones, se les confunda y mezcle con otros tantos autores que no merecen tal categoría.

El segundo fenómeno que se combina, es el de la falta de reflexión y autoconocimiento de las personas. A una mayor libertad y responsabilidad del individuo, debería seguir una mayor dedicación a buscar por sí mismo respuestas y a desarrollar su capacidad crítica, autonomía y sabiduría de forma rigurosa y constante; porque de ello dependen cosas importantes, y porque puede. Tenemos más medios que nunca para obtener contenidos de conocimiento, sin embargo, dichos contenidos también favorecen el mismo ruido que nos distrae e impide dedicar nuestro tiempo a cuestiones serias, textos largos y proyectos sólidos a largo plazo. Aquí entra en juego lo que Barry Schwartz llama “La paradoja de la elección”, en una charla TED soberbia que también animo al lector a aprovechar. Tenemos tantos estímulos y tantas opciones, y queremos sacar tanto partido de nuestro tiempo, que nos es difícil tomar una decisión sobre las diferentes disponibles, escoger una que requiera un compromiso serio a largo plazo y mantenernos en dicha elección sin obsesionarnos preguntándonos si habremos elegido lo correcto. El análisis nos lleva a la parálisis, tenemos demasiada prisa y muchas expectativas, y queremos obtener grandes resultados en poco tiempo y esfuerzo. En dicho contexto, no es extraño que acabemos buscando la satisfacción instantánea y mensajes masticados y elocuentes que nos inyecten respuestas categóricas en vena, y no preguntas de digestión pesada. Esta falta de base sólida sobre nuestras creencias será la que, cuando lleguen los golpes, nos hará darnos cuenta de que no se puede eliminar el sufrimiento de la vida, de que ciertas metas son irreales y de que tenemos que adaptarnos a como las cosas de verdad son. Que hay ciertas cuestiones demasiado complejas, como qué es la felicidad, cómo tenemos que enfrentarnos al mundo, o qué personas queremos ser, que tenemos que tratar de resolver nosotros mismos, con trabajo y muchas preguntas con respuestas difusas, desde nuestra propia complejidad y la del mundo que nos rodea. Que nadie, ni nosotros mismos, nos puede comprender por lo que haya leído en un libro.

Odín Dupeyrón, millenials y buenrrollismo Coca-Cola