Las raíces

Hoy he leído este artículo del New York Times titulado The Moral Bucket List, por David Brooks. Antes de continuar con el post, animo al lector a leerlo. Me ha gustado mucho porque describe muy bien y de forma original las características y lo que diferencia a las personas a las que yo llamo de Villarriba de las de Villabajo, y cómo la sabiduría que proporciona realizar una búsqueda de desarrollo personal es la que se traduce en estar contento con uno mismo y mantener una actitud serena, en primer lugar hacia uno mismo, y reflejado a su vez en los demás.

Y es esta inteligencia intrapersonal, este autoconocimiento, y no otra cosa, la que puede dar como resultado un liderazgo externo real, honesto y genuino. Siempre de dentro hacia fuera. Es lo que también Stephen Covey decía en su libro Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, cuando describía el éxito como una suerte de círculos concéntricos, que empezaban en el centro desde uno mismo y el paso de la dependencia a la independencia –los primeros hábitos– que constituía el éxito personal, y una vez que lográramos ese éxito y conquista nosotros mismos, podríamos lograr ese éxito social –interdependencia y sinergia– del que tanto nos hablan hoy en día. Y tener empatía, y no ser envidiosos, y transmitir seguridad en nosotros mismos, y transmitir paz a los que nos rodean. Salir de la niebla de la que nos habla Tim Urban. En definitiva, ser líderes, anteponernos a las circunstancias, ser los dueños de nosotros mismos y de nuestro entorno.

“External success is achieved through competition with others. But character is built during the confrontation with your own weakness.”

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Las raíces

TRES REFLEXIONES PARA UNA TEORÍA DEL TODO

Hace algunos días fui con mi grupo de amigos a ver la recién estrenada “La teoría del todo”, película que repasa los capítulos más reseñables de la vida del científico inglés Stephen W. Hawking.

La película, que recomiendo bastante y que me ha parecido una de las mejores que he visto en este 2015 (no en vano Eddie Redmayne, quien interpreta a Hawking recibió el Oscar al mejor actor en la última edición de los prestigiosos galardones) me animó a leer “Breve historia del tiempo: del Big Bang a los agujeros negros” un libro que siempre había tenido dando vueltas por casa pero que nunca me terminé de animar a leer.

Ayer acabé de leer “Historía del tiempo” y me gustaría compartir un par de reflexiones en el blog.

En primer lugar, cabe hablar brevemente del autor Stephen W. Hawking, quien a la gran mayoría no resultará desconocido. Stephen Hawking es posiblemente una de las figuras más conocidas de la ciencia moderna. Enclavado en una silla de ruedas desde hace décadas y sin poder comunicarse más que por un ordenador que reproduce su mensaje con voz metálica, la figura de Hawking es casi mitológica. El hombre unido a la máquina. La   física y la metafísica.

Stephen Hawking Women are biggest mystery in the universe

La figura de Hawking, caricaturizada en multitud de ocasiones, infunde cierto respeto. Respeto a un hombre con un cociente intelectual de 160, científico de primera línea, capaz de desgranar los misterios del universo, de sobrevivir desde 1962 a la enfermedad de ELA (que recientemente haría a medio mundo tirarse cubos de agua helados por las redes sociales) y de escribir best-sellers como “Historia del tiempo” que despiertan el interés del público más profano en asuntos tan distinguidos como el origen del universo, los agujeros negros, la mecánica cuántica (que explica los fenómenos físicos a nivel estructural de la materia, allá donde las leyes de la física clásica dejan de funcionar), el continuo espacio-tiempo, etc.

Digamos que el respeto que infunde Hawking es similar al que se tiene a otra eminente figura de la ciencia como es Alfred Einstein y que tan bien describiría el actor Charles Chaplin durante una célebre conversación que ambos tuvieron en cierta fiesta y donde fueron presentados.

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En el transcurso de la conversación, el físico elogió al cómico de la siguiente manera:

– “Lo que he admirado siempre de usted es que su arte es universal; todo el mundo le comprende y le admira”
A lo que Chaplin respondió:
– “Lo suyo es mucho más digno de respeto; todo el mundo le admira y prácticamente nadie le comprende”

Ese es, por tanto el tipo de admiración que despiertan personalidades de la talla de Einstein, Hawking, Schrödinger y compañia.

Bien, comencemos de una vez con las reflexiones personales que me llevo de la lectura de “Historia del tiempo” un libro que me ha venido muy bien leer, pues estaba en un momento complicado en el que necesitaba algo que me hiciese “Ganar altura” (término acuñado por otro de los colaboradores de este blog y que posiblemente se desarrolle en posteriores entradas). Ganar altura para mí no es más que observar las cosas con perspectiva, haciendo que tomen proporción de lo que realmente son. ¿Qué mejor que comparar la realidad cotidiana con el TODO, es decir con el UNIVERSO, para darse cuenta de lo insignificantes que pueden ser ciertas cosas?

Antes de comenzar el viaje astral, recomiendo escuchar la banda sonora de la película Interstellar, compuesta por Hans Zimmer y que puede venir muy bien para leer este post, sentarse a leer, estudiar o simplemente reflexionar.

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PRIMERA REFLEXIÓN: LOS ÁTOMOS QUE SOÑABAN CON ÁTOMOS

“Nos hallamos en un mundo desconcertante. Queremos darle sentido a lo que vemos a nuestro alrededor, y nos preguntamos: ¿Cuál es la naturaleza del universo? ¿Cuál es nuestro lugar en él, y de dónde surgimos él y nosotros? ¿Por qué es como es?” (Stephen Hawking)

Esta idea la había encontrado ya en otro blog que me recomendó el mismo colaborador que desarrolló la idea de “Ganar altura”. El blog en concreto se llama Wait But Why (waitbutwhy.com) y la entrada en particular: “A religious for the non-religious”, que es una de las mejores que he leído en mucho tiempo, y que recomiendo leer para inspirarse, particularmente si se tiene interés en leer también “Historia del tiempo”.

Básicamente uno de los argumentos que propone el autor para salir de lo que él llama “la niebla”, el conjunto de circunstancias que nos impide ganar altura y tomar consciencia de la magnitud verdadera de muchas cosas y de cuanto desconocemos, es el de darnos cuenta de que las personas no somos más que materia compuesta por millones de átomos que de una forma u otra (aquí ya entrarían las creencias de cada uno) ha logrado ganar consciencia de sí mismos y ganar conocimiento de la realidad que los rodea.

La consciencia de uno mismo es uno de los pilares en los que se basa la ética para dotar al ser humano de dignidad (que iría por encima de otros seres vivos, como una planta, o algunos animales, que a priori no son capaces de comprender su propia existencia)

Se ha demostrado que hay también especies de animales con mayor grado intelectual que otros que son capaces de reconocerse a sí mismo en espejos. ¿Y si más especies de las que creemos tuvieran consciencia de sí mismas o de que algún día dejarás de ser?

De alguna forma a lo largo de la infinitud del tiempo han surgido las condiciones óptimas para que un conjunto de partículas interactúen entre sí, dando lugar con el paso del tiempo a organismos autoreproductores que han originado especies cada vez más complejas, capaces de adaptarse al entorno en el que viven. Algunas de esas especies se desarrollaron más que otras, hasta el punto de que fueron comprendiendo la realidad que los rodeaba.

En algún momento nos dimos cuenta de que el Sol siempre salía por el mismo sitio y que las estrellas adoptaban ciertas posiciones en el firmamento. Empezamos a desentrañar los secretos del universo hasta tal punto que hemos llegado a comprender de qué material estamos hechos. La materia inerte pasó a llegar a tomar entendimiento de sí misma. Somos un conjunto de átomos que piensan y entienden sobre otros átomos.

Comprender que tal cosa ha podido pasar hace que cualquier situación de nuestra vida cotidiana resulte irrisoria. Somos casi una broma cósmica. Polvo espacial que a lo largo de un viaje cuasi-eterno por el universo ha logrado producir vida, y que se ha entendido a sí mismo.

If life is going to exist in a Universe of this size, then the one thing it cannot afford to have is a sense of proportion.”
(Douglas Adams)

Mírate la mano. En algún momento hace miles de millones de años la materia que la formaba estuvo flotando por el espacio. Polvo eres y en polvo te convertirás.


SEGUNDA REFLEXIÓN: SOBRE COMO EL PRINCIPIO DE INCERTIDUMBRE MATÓ AL DETERMINISMO

“Dios no juega a los dados” (Albert Einstein)

En el siglo XIX, el éxito de las teorías de Newton sobre la gravedad llevó Marqués de Laplace a argumentar que el universo era completamente determinista: es decir, que deberían existir un conjunto de leyes que nos permitiesen predecir todo lo que ocurriese en el universo, dado el estado de éste en un instante concreto.

Es decir, con esas condiciones de partida se podría calcular el estado de todo el universo para cualquier instante posterior. Laplace era de la opinión de que el determinismo no solo era aplicable al campo puramente físico sino que se podría extender a otros aspectos, como el propio comportamiento humano. En aquel momento, las ideas de Laplace fueron criticadas por aquellos que creían que un universo enteramente determinista era incompatible con la idea de una deidad que tuviese libertad de obrar y de interactuar con el universo, modificándolo a su antojo.

Más tarde el científico alemán Max Planck enunció su idea de una dualidad onda-partícula de la materia cuyas implicaciones contra el determinismo no quedarían de manifiesto hasta que en 1926 Heisenberg formuló su principio de incertidumbre.

El principio de incertidumbre nos dice que para conocer el estado absoluto (posición y velocidad) de cualquier partícula, habría que medir con precisión dichas magnitudes. La forma obvia de hacer esto es mirando la luz que refleja esa partícula. Sin embargo, según la hipótesis de Planck, esta luz perturbaría a la partícula cambiando su velocidad en una cantidad que no puede ser predicha.

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Heisenberg con la ecuación que le hizo ganar el premio Grammy…Oh Wait!

Por otro lado, resulta que con cuanto mayor precisión se intente medir la posición más se perturbará a dicha partícula y más errónea será la medida. El principio de incertidumbre a priori resultaría intranscendente en el mundo que nos rodea, el mundo macroscópico, pues la gran masa de los objetos hace que se pueda despreciar el efecto de la observación en la medida, de forma que no afecta a las leyes de la mecánica clásica, que rigen el mundo a gran escala (el movimiento de los planetas, de tu coche o de un balón de baloncesto)

No obstante el principio cobra gran importancia cuando nos acercamos más y más para observar el mundo de las partículas constituyentes (los átomos, electrones, neutrones protones y otras partículas constituyentes como los quarks), donde las leyes de la mecánica clásica pierden validez.

Heisenberg demostró que existe un límite inferior (llamado constante de Planck) para el nivel de incertidumbre que hay en la media de la posición y velocidad de una partícula. El principio de incertidumbre es una propiedad fundamental, ineludible del mundo y que destruiría de forma categórica la posibilidad de un universo regido por leyes deterministas con el que soñase siglos antes Laplace. Ciertamente no se puede predecir el estado futuro del universo si ni siquiera se puede medir con exactitud su estado actual.

Esto supondría un cambio radical en la física y en la concepción que tenemos del mundo microscópico, en el cual ya no se habla de estados absolutos sino de estados posibles y sus probabilidades asociadas. El principio de incertidumbre daría paso a la formulación de un nuevo conjunto de leyes del universo que se conocen como mecánica cuántica y en las cuales se basa casi toda la ciencia y la tecnología moderna: gobierna por ejemplo el comportamiento de los transistores, base funcional de toda la electrónica moderna.

El principio de incertidumbre tiene profundas aplicaciones sobre el modo que tenemos de ver el mundo. Me hace pensar que si el universo es intrínsecamente impredecible y el conocimiento que podemos tener del mundo que nos rodea está limitado, ¿qué sentido tiene aplicar una actitud de certeza absoluta en nuestras vidas?

¿Existe algo de lo que podamos estar enteramente seguros? ¿Conviene adoptar un planteamiento racional y pensar de forma fría y calculadora en el día a día, en términos de probabilidades y estados posibles? ¿Anula el principio de incertidumbre el determinismo de todos los ámbitos o sólo de la física?

Creo que el principio de incertidumbre debería servir para recordarnos que no todo se puede predecir con absoluta certeza. Recordar que lo que consideramos como acontecimientos seguros pueden no ocurrir, que nuestra certeza de la realidad es limitada; puede servir en el día a día para obrar de forma más comedida. En definitiva, la lección que obtengo de un universo regido por las probabilidades, en el que no se pueden determinar estados absolutos con probabilidades totales, es que no hay que darlo todo por sentado.

El principio de incertidumbre y su importancia a la hora de desarrollar la mecánica cuántica puede suponer un guión de vida, un protocolo de actuación, que hace que una de las virtudes que trato de poner en uso con más énfasis en mi día a día cobre aún mayor importancia. Esa virtud no es otra que la prudencia.


TERCERA REFLEXIÓN: LA TEORÍA DE LA RELATIVIDAD, O PORQUÉ CADA UNO TIENE UN RELOJ EN SU MUÑECA

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“Puto Wasabi” (Albert Einstein)

En 1887 Albert Michelson (primer estadounidense en recibir el premio Nobel de Física) y Edward Morley llevaron a cabo un complicado experimento en Cleveland para medir la velocidad de la luz en la dirección del sentido de giro de la tierra y en la dirección opuesta a este.

Hasta entonces se pensaba que la velocidad de la luz no era fija y que diferentes observadores que se moviesen de formas diferentes verían acercarse la luz con distintas velocidades. ¡El experimento de Michelson-Morley demostró que ambas velocidades eran iguales!

En 1905, un artículo de un desconocido empleado de una oficina de patentes, Albert Einstein, sentaría las bases de una nueva teoría, la teoría de la relatividad. Dicha teoría postulaba que las leyes de la Física deberían de ser las mismas para todos los observadores en movimiento libre, independientemente de cual fuese su velocidad, con tal de que se estuviese dispuesto a abandonar la idea de un tiempo absoluto.

La teoría de la relatividad implica que todos los observadores deberían medir la misma velocidad para la luz, independientemente de la rapidez con la que ellos mismos se estuviesen moviendo.

Esta conclusión tiene algunas consecuencias extraordinarias que vienen recogidas en una de las ecuaciones más famosas de la historia: E=mc2.

Debido a la equivalencia que esta ecuación establece entre masa y energía, nuestra masa es mayor cuanto mayor es nuestra velocidad. A medida que nuestra velocidad (y la de cualquier objeto) aumenta, también aumenta nuestra masa. Cuanto más se acerca un objeto a la velocidad de la luz a mayor ritmo crece su masa y por tanto más costoso es seguir aumentando su velocidad. De esta forma, la energía que se necesitaría para que un objeto se mueva a la velocidad de la luz es infinita, lo cual a efectos prácticos es imposible (animo al lector a quemar 500 kcal en una cinta de correr para ganar un poco de consciencia de la magnitud del asunto)

Sólo la luz puede moverse a la velocidad de la luz. Otra de las consecuencias importantes de la teoría de la relatividad es que ha modificado nuestra concepción del espacio y del tiempo.

Planteo que el lector se imagine el siguiente caso:

Un observador juega con una pelota de tenis en el vagón de tren. La lanza contra la pared y esta rebota y vuelve a su mano. Un segundo observador mira al primero desde el andén, mientras el tren está en movimiento. Si ambos observadores tuvieran relojes exactamente iguales medirían exactamente el mismo tiempo entre que el primer observador tira la pelota y esta vuelve a su mano, sin embargo la distancia que deberían ver recorrer a la pelota es distinta. Esto implica que dado que la velocidad es igual al espacio recorrido por el tiempo transcurrido en el desplazamiento, ambos observadores ven moverse a la pelota con velocidades distintas.

Para el caso de las leyes anteriores a la relatividad de Newton, este caso era aplicable al movimiento de la luz. Se partía de la idea de un tiempo absoluto. Sin embargo la relatividad general plantea que la velocidad de la luz es la misma independientemente del observador. Los dos observadores, el chico del andén y el pasajero del tren seguirían estando en desacuerdo sobre la distancia recorrida por la luz (a la que nuestro símil representa como una pelota de tenis), pero dado que su velocidad es la misma para los dos, un sencillo cálculo nos demuestra lo siguiente: cada observador mide un tiempo distinto.

¡La teoría de la relatividad acaba con la idea de un tiempo absoluto! La teoría de la relatividad nos fuerza a cambiar nuestros conceptos de espacio-tiempo. Debemos aceptar que el tiempo no está separado ni es independiente del espacio, sino que ambos forman un conjunto llamado espacio-tiempo.

Podríamos por lo tanto hablar de un suceso como algo que ocurre en un punto particular del espacio, en un instante determinado. Para ello necesitamos fijar un sistema de coordenadas, con tres coordenadas espaciales, y una temporal. Las cuatro coordenadas de un suceso especifican su posición en un espacio cuatridimensional llamado espacio-tiempo. Sin embargo a la mente humana le es imposible pensar en cuatro dimensiones.

De cierta forma se puede encontrar interpretación bidimensional de un suceso.

Supongamos un suceso P, como puede ser la propia existencia de una estrella, en un momento determinado, en un puto concreto del espacio. Esa estrella, como la mayoría de objetos en mayor o menor medida, emitirá luz, que se moverá por el espacio en todas las direcciones, a la velocidad de la luz. A medida que pase el tiempo la luz emitida en un instante se habrá desplazado en el espacio alejándose de la estrella. Así, para distintos instantes de tiempo podemos imaginar los conjuntos de posiciones tridimensionales de la luz que fue emitida en el instante inicial. Esto es similar a la onda que se forma al tirar una piedra en un estanque y que se va expandiendo en direcciones iguales alrededor del punto donde ha caído la piedra.

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De manera similar, la luz al expandirse desde un suceso determinado forma un cono tridimensional, que se conoce como el cono de luz futuro del suceso. De la misma forma existe otro cono inverso llamado cono de luz pasado que vendría a significar el conjunto de sucesos desde los cuales un rayo de luz pudo partir, según el tiempo, para en el instante inicial afectar al suceso P. La región donde ambos conos convergen sería el instante del suceso P.

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Sin profundizar más en las implicaciones de la relatividad general y todas las especulaciones surgidas en películas, literatura y otros medios de comunicación como pueden ser viajes en el tiempo y en el espacio y demás, quisiera compartir un par de pensamientos que me han surgido.

En primer lugar, la idea de una serie de posiciones espacio-temporales que puedan afectar a un suceso P (básicamente todas las regiones comprendidas dentro del cono pasado así como la propia superficie del mismo y la existencia de una región futura a las cuales el suceso P pueda afectar) me hacen pensar en nuestros actos cotidianos, las causas que los originan y las consecuencias que estos tienen a futuro, no solo para nosotros sino para todas las personas. Igualmente se podría hablar de un horizonte de sucesos pasados y futuros que influyen en nuestras acciones y a las que estos afectan.

Un simple ejemplo de ello que afecta a mi nacimiento (Suceso N): hace unos 40 años algún político aprobó (ignoro quién y en qué circunstancias) una ley para aprobar la construcción de cierto tipo de centrales eléctricas en España. Con el paso del tiempo se decidió que en un lugar concreto se construyese una de esas centrales. Tras años de obras, desarrollo del proyecto y demás la central estaba lista para su operación. Se contrató a personal de todas partes, lo que resultó en que un hombre de lejos de esa zona geográfica y una mujer de las cercanías coincidiesen en un mismo punto espacio-temporal. Tras unas cuantas peticiones para invitarla a cenar y unos cuantos rechazos la voluntad de esa mujer se debilitó y dio paso a una primera cita. La relación prosperó y años más tarde nacería el autor de este post. No solo un único suceso fue determinante para que eso pasase (aquel político firmando esa ley) sino infinidad de ellos, como todos los sucesos dentro del horizonte de sucesos pasados de los nacimientos del hombre y de la mujer u otra infinita serie de sucesos como los que originarían que la empresa mandase a ese trabajador a dicha central.

En definitiva, resulta abrumador pensar en todas las coincidencias que se han tenido que dar para que nuestra vida sea a día de hoy como es. Del mismo modo, es interesante pensar cuánto pueden influir nuestros actos ahora en muchas cosas del futuro.

La segunda reflexión que me trae la teoría de la relatividad hace alusión a los sistemas de referencia y como el suceso es visto de forma distinta por varios observadores. Me viene a la cabeza que todos somos en gran medida bastante similares al nacer. A lo largo de nuestro desarrollo los sucesos que observamos, el medio en el que vivimos y cómo y en qué circunstancias aprendemos de él nos condicionan. Así, en la naturaleza humana son los sucesos distintos vividos los que van modelando el sistema de referencia, condicionándolo en su desarrollo. Somos durante nuestra vida poco más que observadores del universo que nos es visible, montados en un sistema de referencia (nuestra dimensión ético-moral e intelectual) cuyas leyes se van modificando con el paso del tiempo. ¿O debería decir más bien “a través del espacio-tiempo?”

TRES REFLEXIONES PARA UNA TEORÍA DEL TODO

QUÉ ES EL AMOR

Seguramente y más de una vez, te has encontrado con un título similar en algún enlace del Facebook que algún amigo tuyo compartió. Y PAM pinchas en él como una loca, esperando encontrar algunas cuantas frases que describan el gran misterio de qué es el amor.

Lo que al final acabas encontrando son una sarta de frases, al estilo El Diario de Noa que al final, más que resolverte la gran pregunta universal, te dejan un sabor dulzón y empalagoso que te dura todo el día. Y ya no te cuento si la que lee el artículo se encuentra sin pareja en ese momento. Porque claro, todas en el fondo deseamos poder leer esos artículos que plagan nuestro Facebook y pensar en nuestra media mandarina.

Por otra parte, pienso que estos nuevos blogs llenos de frases románticas y de textos donde nos describen cómo debe ser el amor, no hacen más que crearnos unas falsas expectativas al más puro estilo Walt Disney. Y es que vivimos en un mundo en el que parece ser que encontrar una persona con la que querer compartir años de tu vida (y ya no te digo TODA la vida) es igual de complicado que encontrar un Gamusino. Sin embargo, todas, y hablo en femenino porque en este caso quiero hablar desde nuestra perspectiva (se admiten respuestas del otro bando), seguimos buscando a ese alguien que nos haga sentir mariposas en el estómago y nos venga a recoger en limusina con un ramo de rosas. Todas queremos sentirnos un poco Pretty Woman.

Creo que cuando leemos 50 Sombras de Grey y vemos lo maravilloso que es él y todas las cosas que hace por ella, cuando vemos en algún video de Youtube la nueva y alucinante forma que tiene él de pedirle matrimonio a ella, o mismamente, cuando vemos las fotos en nuestro Facebook o en Instagram de la típica parejita que sube fotos de los regalos que se hacen constantemente, o del último fin de semana que le ha regalado él a ella en París, nos quedamos pensativas. Pensativas porque nos decimos a nosotras mismas: ¿por qué yo no? Y quizás tu novio te ha regalado un precioso fin de semana en Córdoba o simplemente te escribe un “Buenos días” todas y cada una de las mañanas, haciendo que te levantes de mejor humor.

Pero no, me he dado cuenta de que somos insaciables y de que siempre queremos más. No nos basta con lo que tenemos. Basta con ver otra cosa que no tienes y quererlo. Querer mejorar la relación constantemente, porque claro, qué mierda que a ti tu novio no te lleve en helicóptero hasta su casa a lo Mr. Grey.

Quiero dejar claro, que a mí me pasa la primera. Y lo peor es que me doy cuenta según me pasa. Vente a buscarme al aeropuerto con floreees, Escríbeme cartas diciendo lo mucho que me quieres, Aprende a cocinar y hazme cenas románticas, ¿Por qué no eres más cariñoso conmigo?, ¿Por qué a mí no me llevas París?, y un sinfín más de idioteces que una vez las has dicho, te das cuenta de lo infantiles que suenan. Pero están ahí, el culo veo culo quiero no acaba a los seis años señoras y señores.

Pues bien, hoy mi novio, al que le encanta enseñarme sus nuevos descubrimientos, sea del tipo que sean, me ha enviado un vídeo de una reciente campaña de Ikea, diciéndome lo “BUENÍSIMO” que era. Voy a describir el anuncio brevemente para poneros en situación. El anuncio nos muestra a algunas parejas durante sus comprar en Ikea, durante las cuales no dejan de discutir sobre las cuestiones que creo yo, son UNIVERSALES de todas las parejas cuando van al Ikea (o a cualquier tipo de establecimiento). En fin, en todas las parejas, los problemas parecían ser provocados por las mujeres, ya que como bien sabemos, nos encanta llevarnos la razón. ¿Qué quiero comprar velas? Se compran velas. ¿Qué digo que la cama tiene las medidas para que quepa en la habitación? Tiene las medidas. Y así en un sinfín de situaciones, donde parece ser, en la mayoría de ellas, nuestra pareja nos enseña la bandera blanca de la rendición. Y nos encanta.

Pero al ver este anuncio, gracioso y realista cuanto menos, me ha hecho pensar en cómo se sienten en ocasiones ellos. Y he llegado a la conclusión de que (redoble de tambores) VIVEN BIEN SOLOS. Sí, parece una conclusión estúpida de primeras, pero dejad que os cuente. Ellos sin nosotras son LIBRES de hacer lo que les plazca. ¿Que se quiere tomar una cerveza a las diez de la mañana? Se la toma, ¿que quiere cenar pizza cuatro veces a la semana? Se la cena, ¿que quiere estar sin recoger los platos sucios dos días? Pues ahí les den a los platos, que si hace falta come en servilletas. Y entonces amigas, es cuando nosotras llegamos a sus vidas. Y sí, como buenas estrategas que somos, entramos haciendo poco ruido, para que no se sientan acobardados ni agobiados (que por cierto, esta última es una palabra que les encanta). Pero de la noche a la mañana ZAS, se encuentran con el reto más grande de sus vidas. Aprender a estar con alguien. Y no, no neguemos la realidad. Salir con una mujer es un reto que les costará dinero, tiempo y esfuerzo. Para que después de algunos años, les exijamos que se pongan las pilas, que esto no es lo que estoy leyendo yo en el último blog de mi Facebook. Y todo esto me ha hecho pensar en nuestra pregunta inicial:

¿QUÉ ES EL AMOR?

Creo que el amor no consiste en sentir mariposas las 24h del día, ni en esperar que tu chico se presente en limusina cada vez que sea una ocasión especial, ni en que te escriba las cartas más bonitas del mundo. El amor consiste en ir de compras con él y que no desespere sujetándote el bolso en una tienda atestada de gente mientras tú te decides por un pantalón u otro, que a su parecer serán iguales (y aun así hará de apoyo moral decidiéndose por uno). Amor es que vayáis al Ikea, y que tú quieras comprar todas las tonterías de la tienda (véanse marcos de fotos, cojines, velas, flores y un largo etc.) y que, tras una posible y segura discusión, porque está claro que para él, el sinfín de tonterías es algo innecesario, acabará dando su brazo a torcer para que tú salgas sonriente por la puerta con tu cantidad ingente de velas. Amor es cenar en un restaurante, que tú te encuentres mal, y que él pida que le empaqueten la comida para comérsela al día siguiente contigo, a sabiendas de que sabrá muchísimo peor. Amor es ir al supermercado y comprarte un zumo que sólo a ti te gusta, sabiendo que él tendrá que comprar otro.

Y es que al final, no podéis negarnos nada, porque para cuando os dais cuenta de que solos estáis mejor, nosotras ya hemos arrasado con todo, y ya no hay marcha atrás. Porque os habéis enamorado, y os acaban gustando nuestras velas, las cenas del día anterior e incluso nuestro zumo.

Y esto me hace pensar que ellos renuncian a muchas cosas por nosotras, y que nosotras, cegadas por el bombardeo romántico-ñoño de este siglo, no nos damos cuenta de estas cosas, que al fin y al cabo, es lo que llaman AMOR.

Y a mí en estos momentos me dan ganas de darle un gran beso a mi novio y decirle: la próxima vez, compraré menos velas en el Ikea.

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QUÉ ES EL AMOR

Ilustres ignorantes

Ayer leí el último post de Tim Urban en su blog Wait But Why, titulado “The Procrastination Matrix“, donde continúa desarrollando el tema de la procrastinación –probablemente una de las palabras más feas que existen– después de otras dos entradas también reflexionando sobre lo mismo. Esta vez, añade además su propia historia personal, de lucha contra la inconsistencia y la falta de autodisciplina patológica a lo largo de su vida y de las diferentes etapas y proyectos que ha llevado a cabo; y por otra parte enlaza a su vez todo esto con una búsqueda “inconsciente” de aquello que de verdad le apasiona. Llega a decir que, efectivamente, en todos sus proyectos del pasado –la universidad, la música, las tutorías a estudiantes– adoleció de una procrastinación que le incitaba a “escaquearse”, a interesarse por cualquier cosa menos por lo que debía hacer y abandonar al cabo de un tiempo aquello con lo que se había comprometido. Pero concluye –o eso he entendido– que esto no fue simplemente vagancia, falta de disciplina y búsqueda de placer inmediato, sino además un proceso natural y beneficioso que le ha llevado a desechar aquellas actividades que no le motivaban y llenaban de verdad, hasta llegar a donde está ahora, escribiendo en Wait But Why, que por X razones sí que le llena de verdad, y le supone menos esfuerzos para luchar consigo mismo, ya que su “Mente Pensante” y su “Mono de la Gratificación Instantánea” parecen haberse puesto de acuerdo para estimularle juntos y en resonancia a trabajar motivado y sin pausa en aquello que se ha comprometido hacer. Usa además la matriz de Eisenhower que usó Stephen Covey para explicar el tercer hábito de la gente altamente efectiva, titulado “Lo primero es lo primero”, lo cual me ha gustado, aunque no sé si Stephen Covey hubiera matizado algunas de las cosas que dice Tim Urban.

Más tarde empecé y leí el primer capítulo el libro “El camino de los sabios” de Walter Riso, un psicólogo especialista en terapia cognitiva entre otras cosas. Es un libro muy cortito –unas 150 páginas– donde el autor quiere recuperar algunas de las ideas de los grandes filósofos de la Antigüedad (en concreto, de Sócrates, Epicuro, Diógenes y Epicteto) y aplicarlas en la vida cotidiana moderna para que nos sirvan un poco de guía, y nos recuerden ciertas lecciones y valores sólidos que nos pueden ayudar para ser más sabios, dueños de nuestra vida y con recursos para resolver nuestros problemas. Las dos ideas más importantes que se recalcan con las que me he quedado tras el primer capítulo son dos: la primera, que debemos aspirar a saber más, a comprender nuestra realidad y a cultivar una inquietud y un diálogo constante con nosotros mismos que nos llevará al autoperfeccionamiento y a una mayor fortaleza para alcanzar la serenidad y la felicidad. Tratándose el libro de filósofos, que se dedican principalmente a eso, tampoco extraña. Y la segunda cualidad que exigen es la de la coherencia, la de ser consecuente con aquello que se predica, el de tener unos valores fijos y una línea de trayectoria fija de la que no se desvía. Y menciona casos de personas que a lo largo de la Historia lucharon y defendieron sus ideales y valores, aplicándolos rigurosamente en su vida y en sus actos, y convenciendo así de ellos a los demás a través de su ejemplo e integridad.

Y después de leer estos dos textos, pensaba sobre lo difícil que a veces resulta, por una parte, mantener una actitud de búsqueda de mejora constante, ser flexible para pivotar –como cuenta Urban– y experimentar con actividades y terrenos nuevos en los que aprender e incluso reinventarse; y, por otra parte, ser una persona coherente, constante y que sigue una trayectoria fija y bien definida, dando así un ejemplo y testimonio de vida a los demás. No sé si será un error de interpretación mío, o una ambigüedad del texto, pero me parece que no se deja claro una cosa muy importante, y es que para mantener esa coherencia con nuestros valores y ese ejemplo con nuestros actos, pasado cierto punto hace falta más que esforzarse por mantener un diálogo con uno mismo y una actitud de escucha y aprendizaje que nos haga ser más sabios. Es necesario, además, descubrir –por haberlo buscado más, o menos– cuál es nuestra verdadera motivación, qué es aquello que nos apasiona y qué propósitos e ideales son aquellos por los que estamos dispuestos a dedicar nuestra vida, dar testimonio con ella o incluso perderla. Mantener una actitud de búsqueda es muy importante para encontrar, y hay que decirle a la gente, en primer lugar, que deben aspirar a más, que aprendan, que reflexionen, que confíen en que dentro de ellos está la oportunidad y la voluntad para seguir mejorándose y ser más felices. Pero buscar no es encontrar, y podemos estar de acuerdo y firmemente convencidos de que queremos seguir dicha trayectoria de automejora, e incluso ser sólidos y coherentes en este aspecto, y dar, como decían, ejemplo a los demás. Pero en la vida no siempre basta con esto, y puede haber un escalón de esfuerzo entre medias que no debemos menospreciar. Tal vez a los filósofos que se menciona en el libro sí les bastaba, porque por su propia condición de filósofos, dedicaron por entero su vida a la búsqueda de la sabiduría y el testimonio de la misma a los demás, y su propia búsqueda constituía de por sí su fin último. O los que se dedican a estudiar la mente y al ser humano, como psicólogos y escritores de libros sobre desarrollo personal. Pero para la mayoría de personas de hoy en día, a las que la filosofía y el autoconocimiento puede ayudar muchísimo pero sin ser un fin en sí mismo a lo que vayamos a dedicar de forma explícita la mayor parte de nuestro tiempo o profesionalmente, nos falta algo más. Y tal vez sea un error mezclar el discurso y no dejar claro que buscar y encontrar no son las dos caras de una misma moneda, que no tienen por qué tener una relación tan directa, que puede haber gente que se pasa demasiado tiempo de su vida buscando sin encontrar, y gente que desde el principio, afortunados ellos, tuvieron claro quiénes eran y qué querían hacer, y la mayor parte de su vida pudieron dedicarla no a querer conocerse más y tratar la filosofía como una búsqueda, sino a concretar y desarrollarse única y exclusivamente en su vocación.

Así, yo, por ejemplo, actualmente no sé qué es a lo que me quiero dedicar profesionalmente y que me pueda apasionar, algo que de verdad me lleve a dedicar más de un tercio de mis horas de vida con motivación y esfuerzo, sintiendo que hago una aportación al mundo, persiguiendo una idea en la que crea por encima de cualquier otra, dando la mejor versión de mí mismo y, además, pudiendo vivir de ello. Y esto me lleva muchas veces a comenzar proyectos que no conozco y que no sé si terminaré, a comprometerme a ciegas con cosas que luego resulta que no me llenan, a procrastinar, a cambiar de opinión, a abarcar mucho y apretar poco y en definitiva a andar como un pollo sin cabeza. Bastante lejos de esa definición de solidez y fiabilidad que me animan a cumplir. Sí tengo ciertos valores muy claros que sigo medianamente bien, sí me intento conocer a mí mismo, sí pienso y busco y sí me atrevo con cosas diferentes, y es precisamente esa búsqueda la que me hace ser, por una parte, más sabio, pero por otra, tan variante y desfocalizado.

Me encanta filosofar y me siento a gusto teorizando, analizándome, conjeturando y tratando de entender cómo somos. Pero el mundo de hoy no nos invita a ver esta búsqueda general como un fin en sí mismo, se fija en qué viene después de encontrar aquello que elegimos como proyecto de vida. Para encontrarlo sí puede ayudar filosofar, pero ni filosofar implica de por sí un encuentro rápido y fácil, ni el hecho de saber qué es lo que queremos hacer implica que hayamos necesitado un gran proceso de búsqueda interior. Steve Jobs o Martin Luther King no son quienes son por haber llevado a cabo largo proceso de aprendizaje y conocimiento a lo largo de su vida, sino porque supieron pronto qué era lo que debían perseguir, y los resultados sólidos de esa convicción son los que les llevaron a ser celebridades y a quienes más se nos invita a parecernos.

Así, la próxima vez que nos hablen de estos temas de experimentar la vida, buscar, encontrar y luchar por aquello en lo que creemos, intentemos dejar claras dos cuestiones: la primera, saber si nos están hablando de dicho proceso de aprendizaje como un fin en sí mismo de enriquecimiento para aprovechar más el mundo que nos rodea y autoperfeccionamiento personal, o como una búsqueda ansiada y crítica de prueba y error para descubrir nuestra misión vital. Porque no es lo mismo la búsqueda de conocimiento de Mark Zuckerberg, con Facebook ya rodando, empezando a aprender chino mandarín y a leer un libro cada dos semanas, que la de un veinteañero que echa currículums a discreción a empresas o universidades sin tener ni puta idea de lo que de verdad le gustará hacer y dónde se está metiendo. Y segunda, que una cosa es ser coherente con los valores propios básicos que deseamos en nosotros mismos para ser unas buenas personas y unas mentes pensantes, y otra ser coherente en los actos domésticos que realizamos diariamente y los proyectos y las trayectorias en las que nos embarcamos. En el primer caso, es muy fácil tener claro qué buenas personas queremos ser, o al menos es algo que está bajo nuestro pleno control, y lo está a su vez esforzarnos, con más o menos éxito, en mejorarnos y disciplinarnos para ello. Pero en el segundo, para encontrar dicha trayectoria fija y coherente dependeremos de encontrar en nuestro entorno exterior nuestra misión vital que podamos traducir en una ocupación. Y esto, ya te voy avisando, es mucho más complicado.

Ilustres ignorantes

Otro dia más en el Paraiso…

El ser humano es capaz de explorar continentes, cruzar montañas y cordilleras, conquistar las abismales profundidades oceánicas, llegar al vasto infinito del espacio y contemplar su propio hogar desde la soledad de la superficie lunar… sin embargo, en nuestra ilusión de autosuficiencia, que poco tiempo dedicamos a la contemplación de lo mas indomable y misterioso que poseemos: nuestra conciencia como individuos y nuestra pertenencia como especie.

Les dejo un inspirador video de Carl Sagan… El pálido punto azul!!!

Otro dia más en el Paraiso…

La rueda del hámster

Tal vez la libertad y el libre albedrío no existan como tal, y en realidad el ser humano no tenga una capacidad real de libre decisión, sino simplemente una ilusión de la misma producto de su mente. Y que la sensación de libertad exista en nosotros solamente porque nos incita a hacer lo correcto. Porque la idea ilusoria de nuestra propia responsabilidad y plena consciencia nos empuja a querer avanzar y a hacer lo que realmente es mejor para nosotros. Y esta sensación de libertad y responsabilidad sería un producto más de nuestra mente que, desde la evolución y la autoadaptación, habría creado una fantasía que motivara y diera un sentido a nuestra creciente mente consciente, como un autoengaño cuyo fin sería solamente el de estimularnos para hacer lo que más nos conviene hacer, y dar una mejor versión de nosotros mismos; es decir, actuar como si realmente pudiéramos tomar la decisión de hacer aquello que es mejor, y que dicha decisión encerrara un valor que enriqueciera al sujeto como algo y alguien único y genuino. Todo ello, como decía, para poder seguir evolucionando y aspirando a avanzar como especie, favoreciendo nuestra supervivencia, que es a lo que la evolución y el desarrollo cerebral, en término último, aspiran.

Así, en un punto en nuestro desarrollo evolutivo, nuestra capacidad cerebral de valorar opciones ante diferentes circunstancias habría evolucionado y alcanzado tal complejidad, que habríamos dejado de poder entendernos a nosotros mismos, y ya no podríamos procesar y comprender continua y conscientemente toda la magnitud de los procesos que se suceden en nuestro cerebro, por los cuales ante determinados factores externos realizamos determinados actos, siempre con el mismo funcionamiento, de forma mecanicista. Y ante tal vacío de comprensión, habríamos abreviado dichos procesos y creado la ilusión o interfaz del libre albedrío, para justificar por qué actuamos de la forma en la que lo hacemos. Y por ello negaríamos el carácter mecanicista de nuestros actos, no porque no fueran así, sino porque nuestra mente, para permitirnos soportar nuestra propia complejidad, nos habría hecho sentir otra cosa diferente.

En fin, espero que no sea así. Menuda decepción si no.

La rueda del hámster