Conversaciones de ascensor

Nos cuesta estar en silencio con nosotros mismos, de la misma forma que nos cuesta estar en silencio en compañía de alguien a quien no conocemos, con quien nos falta mucho por hablar, que nos resulta imprevisible. De forma opuesta, estamos cómodos en soledad cuando nos sentimos conocidos, aceptados, lúcidos y claros, sabiendo quiénes somos y qué es lo que pensamos. Como cuando das un paseo con alguien con quien todo lo has hablado y os basta con disfrutar de la compañía, sin necesidad de conversar sobre cosas mundanas, sin tener que comprobaros.

 

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Conversaciones de ascensor

La rebelión de las masas.

Os dejo lo mejor de los primeros seis capítulos. Iré subiendo el resto cuando los transcriba y piense un poco sobre ellos.

Como podéis comprobar algunos de los temas que trata son sorprendentemente actuales.

Primera parte: La rebelión de las masas.

I. El hecho de las aglomeraciones

A principios del S XX se aprecia el crecimiento -tanto en número como en calidad de vida- de la clase media.

“Tal vez la manera mejor de acercarse a este fenómeno histórico consista en referirnos a una experiencia visual […] sencillísima de de enunciar, aunque no de analizar, yo la denomino el hecho de la aglomeración del “lleno”. Las ciudades están llenas de gente. […] lo que antes no solía ser problema, empieza a serlo casi de continuo: encontrar sitio.”
 
“¿Qué es lo que vemos y al verlo nos sorprende tanto? […] Aunque el hecho sea lógico, natural, no puede desconocerse que antes no acontecía y ahora sí, […] lo cual justifica, por lo menos en el primer momento, nuestra sorpresa.”
 
“Sorprenderse, extrañarse, es comenzar a entender. Es el deporte de lujo específico del intelectual. Por eso su gesto gremial consiste en mirar al mundo con lo ojos dilatados por la extrañeza. Todo el mundo es extraño y es maravilloso para unas pupilas bien abiertas.”

 

Existe en la sociedad en general una división entre clases de personas: minorías selectas y masas. Las masas no son capaces de gobernar sus vidas, por tanto, ni pueden ni deben gobernar.

“El concepto de muchedumbre es cuantitativo y visual. […] La sociedad es siempre una unidad dinámica de dos factores: minorías y masas. Las minorías son individuo o grupos de individuos especialmente cualificados. La masa es el conjunto de personas no especialmente cualificadas.”
 
“La masa puede definirse, como hecho psicológico sin necesidad de esperara a que aparezcan lo individuo en aglomeración. Delante de una sola persona podemos saber si es masa o no. Masa es todo aquél que no se valora a sí mimo -en bien o en mal- por razones especiales, sino que se siente “como todo el mundo” y, sin embargo, no se angustia, se siente a sabor al sentirse idéntico a los demás.”
 
“Cuando se habla de “minorías selectas” [..] el que se exige más que los demás, aunque no logre cumplir en su persona esas exigencias superiores. La división más radical que cabe hacer en la humanidad es ésta, en dos clases de criaturas: las que se exigen mucho y acumulan sobre sí mimas dificultades y deberes y las que no se exigen nada especial, sino para ellas vivir es ser en cada instante lo que ya son, sin esfuerzo de perfección sobre sí mimas, boyas que van a la deriva.”
 
“La división de la sociedad en masas y minorías excelentes no es, por tanto, una división en clases sociales, sino en clases de hombres. […] en rigor, dentro de cada clase social hay masa y minoría auténtica.”
“Las masas, por definición, no deben ni pueden dirigir su propia existencia y menos regentar la sociedad”
Las masas se involucran en procesos que son, por definición, complejos y requieren una alta preparación. Tienen entonces que elegir entre dejar de participar hasta adquirir cierto grado de conocimiento o simplificar los procesos para así entenderlos y poder participar. La masa hace lo segundo descalificando la argumentación, la lógica y el uso de razón.
 
“Ahora bien: existen en la sociedad operaciones, actividades, funciones del más diverso orden, que son, por su misma naturaleza, especiales, y consecuentemente no pueden ser bien ejecutadas sin dotes también especiales. […] La masa no pretendía intervenir en ellas: se daba cuenta de que si quería intervenir tendría congruentemente que adquirir esas dotes especiales y dejar de ser masa. Conocía su papel en una saludable dinámica social.”
 
“Hoy asistimos al triunfo de una hiperdemocracia en la que la masa actúa directamente sin ley, por medio de materiales pasiones imponiendo sus aspiraciones y su gustos. En la democracia liberal, la masa presumía que, al fin y al cabo, con todos sus defectos y lacras, las minorías de lo político entendían un poco más de los problemas públicos que ellas. Ahora en cambio, cree la masa que tiene derecho a imponer y dar vigor de ley a sus tópicos de café. Yo dudo que haya otras épocas de la historia en que la muchedumbre llegase a gobernar tan directamente como en nuestro tiempo. Por eso hablo de hiperdemocracia.”
 
“Lo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuendo de afirmar el derecho a a la vulgaridad y lo impone dondequiera.”
 
“Quien no sea como todo el mundo, quien no piense como todo el mundo corre riesgo de ser eliminado. [,,,] Todo el mundo era, normalmente, la unidad compleja de masa y minorías discrepantes, especiales. Ahora todo el mundo es sólo la masa.”

 

II. La subida del nivel histórico

 

El nacimiento de los derechos que emanan del individuo simplemente por existir -es decir, no adquiridos- elevan al todos los hombres a la categoría de señor, en consecuencia, los hombres comienzan a vivir como tales, aspiran a su estilo de vida y sus formas de ocio, pero ignoran u omiten las obligaciones y responsabilidades que acarrean.

“El hecho que necesitamos someter a anatomía puede formularse bajo estas dos rúbricas: primera, las masas ejercitan hoy un repertorio vital que coincide, en gran parte, con el que antes parecía reservado exclusivamente a las minorías; la segunda, al propio tiempo, las masas se han hecho indóciles frente a las minorías; no las obedecen, no las siguen, no las respetan, sino que, por el contrario, las dan de lado y las suplantan.”
 
“Analicemos la primera rúbrica. Las masas gozan de los placeres y usan los utensilios inventados por los grupos selectos y que antes sólo éstos usufructuaban. Sienten apetitos y necesidades que antes e calificaban de refinamientos, porque eran patrimonio de pocos. […] Y no solo las técnicas materiales, sino, lo que es más importante, las técnicas jurídicas y sociales. En el siglo XVIII, ciertas minorías descubrieron que todo individuo humano, por el hecho de nacer, y sin necesidad de cualificación especial alguna, poseía ciertos derechos político fundamentales, los llamado derechos del hombre y del ciudadano, y que, en rigor, estos derecho comunes a todos son lo únicos existentes. […] Fue esto, primero, un puro teorema e idea de uno pocos; luego, eso poco comenzaron a usar prácticamente de esa idea, a imponerla y reclamarla: las minorías mejores. […] El “pueblo” sabía ya que era soberano: pero no lo creía. Hoy aquel ideal se ha convertido en una realidad, no ya en las legislaciones, que son esquemas externos de la vida pública, sino en el corazón de todo individuo, cualesquiera que sean su ideas, inclusive cuando sus ideas son reaccionarias; es decir, inclusive cuando machaca y tritura las instituciones donde aquellos derechos se sancionan.”
 
“La soberanía del individuo no cualificado, del individuo humano genérico y como tal, ha pasado, de idea o ideal jurídico que era, a ser un estado psicológico constitutivo del hombre medio […] Ahora bien: el sentido de aquellos derechos no era otro que sacar las almas humanas de su interna servidumbre y proclamar dentro de ellas una cierta conciencia de señorío y dignidad. […] Se quiere que el hombre medio sea señor. Entonces no extrañe que actúe así, que reclame todos los placeres, que imponga decidido su voluntad, que se niegue a toda servidumbre, que no siga dócil a nadie, que cuide su persona y sus ocios, que perfile su indumentaria: son algunos de los atributos perennes que acompañan a la conciencia de señorío. Hoy los hallamos residiendo en el hombre medio, en la masa.”
 
“La vida humana, en totalidad, ha ascendido. El soldado del día, diríamos, tiene mucho de capitán; el ejercito humano se compone ya de capitanes. Basta ver la energía, la resolución, la soltura con que cualquier individuo se mueve hoy por la existencia, agarra el placer que pasa, impone su decisión. Todo el bien, todo el mal del presente y del inmediato porvenir tienen en este ascenso general del nivel histórico su causa y su raíz.”

III. La altura de los tiempos

La época en la que vivimos es mejor que cualquiera de las pasadas, esto no es malo en sí, pero lo es en la medida en que el hombre de nuestra época mira al pasado por encima del hombro, siente que no tiene nada que aprender de lo ya acontecido, que todo es innovación y que los que fueron antes que nosotros no nos pueden enseñar nada. Vivimos en un tiempo superior materialmente a todos los anteriores, pero debilitado espiritualmente.
“Se dice que esta o la otra cosa no es propia de la altura de los tiempos. En efecto; no el tiempo abstracto de la cronología, que es todo él llano, sino el tiempo vital, lo que cada generación llama “nuestro tiempo”, tiene siempre cierta altitud, e eleva hoy sobre ayer, o se mantiene a la par, o cae por debajo. La imagen de caer, envainada en el vocablo decadencia, procede de esta intuición.”
 
“Hay quien se siente en los modos de la existencia actual como un náufrago que no logra salir a flote. La velocidad del tempo con que hoy marchan las coas, el ímpetu y energía con que se hace todo, angustian al hombre de temple arcaico, y esta angustia mide el desnivel entre la altura de su pulso y la altura de la época.”
 
“Cada edad histórica manifiesta una sensación diferente ante ese extraño fenómeno de la altitud vital, y me sorprende que no hayan reparado nunca pensadores e historiógrafos en hecho tan evidente y sustancioso.”
 
“La autentica plenitud vital no consiste en la satisfacción, en el logro, en la arribada.”
 
“Un tiempo que ha satisfecho su deseo, su ideal, es que ya no desea más, que se ha secado la fontana del desear. Hay siglos que por no saber renovar sus deseos mueren de satisfacción.”
 
“¿Qué diría sinceramente cualquier hombre representativo del presente a quien se hiciese una pregunta parecida? […] El hombre del presente siente que su vida es más vida que todas las antiguas. […] ¿Cómo podrá sentirse decadente? Todo lo contrario: lo que ha acaecido es que, de puro sentirse más vida, ha perdido todo respeto, toda atención hacia el pasado. Por vez primera nos encontramos con una época que hace tabla rasa de todo clasicimo, que no reconoce en nada pretérito posible modelo o norma, y sobrevenida al cabo de tantos siglos in discontinuidad de evolución, parece, no obstante, un comienzo, una alborada, una iniciación, una niñez.”
 
“¿Cuál es en resumen la altura de nuestro tiempo? No es plenitud de los tiempos, y, sin embargo, se siente sobre todos los tiempos sidos y por encima de todas las conocidas plenitudes. No es fácil de formular la impresión que de sí mima tiene nuestra época: cree ser más que las demás, y a la par se siente como un comienzo, sin estar segura de no ser una agonía. ¿Qué expresión elegiríamos? Fortísima y a la vez insegura de su destino. Orgullosa de sus fuerzas y a la vez temiéndolas.”

IV. El crecimiento de la vida.

Con la creciente globalización aumenta la confusión, la diversidad de posibilidades es tal, que la elección se torna complicada.
“El imperio de las masas y el ascenso de nivel, la altitud del tiempo que él anuncia, no son a su vez más que síntomas de un hecho más completo y general. […] Cada trozo de tierra no esta ya recluido en su lugar geométrico, sino que para muchos efectos vitales actúa en los demás sitios del planeta. […] Esta proximidad de lo lejano, esta presencia de lo ausente, ha aumentado en proporción fabulosa el horizonte de cada vida”
 
“Ahora me importa sólo hacer notar cómo ha crecido la vida del hombre en la dimensión de potencialidad. Cuenta con un ámbito de posibilidades fabulosamente mayor que nunca. En el orden intelectual encuentra más caminos de posible ideación. En los placeres acontece cosa parecida.”
 
“No quiero decir con lo dicho que la vida humana sea hoy mejor que en otros tiempos. No he hablado de la cualidad de la vida presente, sino sólo de su crecimiento, de su avance cuantitativo y potencial. Creo con ello describir rigurosamente la conciencia del hombre actual, su tono vital, que consiste en sentirse con mayor potencialidad que nunca y parecerle todo lo pretérito afectado de enanismo.”
El término “decadencia” no es sólo material.
 
“No vale hablar de decadencia sin precisar qué es lo que decae. […] Sólo hay una decadencia absoluta: la que consiste en una vitalidad menguante, y ésta sólo existe cuando se siente. Por esta razón me he detenido a considerar un fenómeno que suele desatenderse: la conciencia o sensación que toda época tiene de su altitud vital.”
 
“Vivimos en un tiempo que se siente fabulosamente capaz para realizar, pero no sabe qué realizar. Domina todas las cosas, pero no es dueño de sí mismo. Se siente perdido en su propia abundancia. Con más medios, más saber, más técnicas que nunca, resulta que el mundo actual va como el más desdichado que haya habido: puramente a la deriva.”
 
“De aquí esa extraña dualidad de prepotencia e inseguridad que anida en el alma contemporánea. […] Todo el que se coloque ante la existencia en una actitud seria y se haga de ella plenamente responsable, sentirá cierto género de inseguridad que le incita a permanecer alerta. […] La seguridad de las épocas de plenitud es una ilusión óptica que lleva a despreocuparse del porvenir, encargando de su dirección a la mecánica del universo.”
Cuando las minorías selectas se adormecen y callan, las masas actúan.
 
“No podrá extrañar que hoy el mundo parezca vaciado de proyectos, anticipaciones e ideales. Nadie se preocupó de prevenirlos. Tal ha sido la deserción de las minorías directoras, que se halla siempre al reverso de la rebelión de las masas.”
 

V. Un dato estadístico.

 
“Nuestra vida, como repertorio de posibilidades, es magnífica, exuberante, superior a todas las históricamente conocidas. Mas por lo mismo que su formato es mayor, ha desbordado todos los cauces, principios, normas e ideales legados por la tradición. Es más vida que todas las vidas, y por lo mismo más problemática. No puede orientarse en el presente (no nos dirá e pretérito lo que debemos hacer, pero sí lo que debemos evitar). Tiene que inventar su propio destino.”
Reflexión más profunda -y menos política- sobre la fatalidad de la libertad.
 
“La vida no elige su mundo, sino que vivir es encontrarse, desde luego, en un mundo determinado e incanjeable: en éste de ahora. Nuestro mundo es la dimensión de fatalidad que integra nuestra vida. Pero esta fatalidad vital no se parece a la mecánica. No somos disparados sobre la existencia como la bala de un fusil, cuya trayectoria está absolutamente predeterminada. La fatalidad en que caemos al caer en este mundo consiste en todo lo contrario. En vez de imponernos una trayectoria, nos impone varias y, consecuentemente nos fuerza… a elegir. […] Vivir es sentirse fatalmente forzado a ejercitar la libertad, a decir lo que vamos a ser en este mundo. […] Inclusive cuando desesperados nos abandonamos a lo que quiera venir, hemos decidido no decidir.” 
 
Niega que las circunstancias configuren plenamente al individuo. Efectivamente las decisiones que tomamos en nuestra vida con configuran, pero sólo en la medida en que cada elección define nuestro carácter.
 
“Es, pues, falso decir que en al vida “deciden las circunstancias”. Al contrario: las circunstancias son el dilema, siempre nuevo, ante el cual tenemos que decidirnos. Pero el que decide es nuestro carácter.”
Sobre la falta de proyecto vital.
 
“Si observa la vida pública de los países donde el triunfo de las masas ha avanzado más, sorprende notar que en ellos se vive principalmente al día. […] El poder público se halla en manos de un representante de masas. Éstas son tan poderosas, que han aniquilado toda posible oposición. Son dueñas del Poder público, el Gobierno, vive al día. […] Sin programa de vida, sin proyecto. No sabe dónde va porque, en rigor, no va, no tiene camino prefijado, trayectoria anticipada. Ciando ese Poder público intenta justificarse, no alude para nada al futuro, sino, al contrario, se recluye en el presente. […] Su actuación se reduce a esquivar el conflicto de cada hora, empleando los medios que sean, aun a costa de acumular con su empleo mayores conflictos sobre la hora próxima. […] El hombre-masa es el hombre cuya vida carece de proyecto y va a la deriva. […] Y este tipo de hombre decide en nuestro tiempo.”
Tema recurrente de este libro, la ausencia -e incluso crítica- al hombre alejado de la técnica, intelectual, diletante.
 
“Han sido proyectados a bocanadas sobre la historia montones y montones de hombres en ritmo tan acelerado, que no ha sido fácil saturarlos de la cultura tradicional. El tipo medio del actual hombre europeo posee un alma más sana y más fuerte que las del pasado siglo, pero mucho más simple. De aquí que a veces produzca la impresión de un hombre primitivo surgido inesperadamente en medio de una viejísima civilización. En las escuelas que tanto enorgullecían al pasado siglo, no ha podido hacerse otra cosa que enseñar a las masas las técnicas de la vida moderna, pero no se ha logrado educarlas. Se les han dado instrumentos para vivir intensamente, pero no sensibilidad para los grandes deberes históricos; se les ha inoculado atropelladamente el orgullo y el poder de los medios modernos,, pero no el espíritu. Por eso no quieren nada con el espíritu, y las nuevas generaciones se disponen a tomar el mando del mundo como si el mundo fuese un paraíso sin huellas antiguas, sin problemas tradicionales y complejos.”
 
“Si ese tipo humano sigue dueño de Europa y es definitivamente quien decide […] las técnicas jurídicas y materiales se volatilizarán. La vida se contraerá. La actual abundancia de posibilidades se convertirá en efectiva mengua, escasez, impotencia angustiosa; en verdadera decadencia. Porque la rebelión de las masas es una y misma cosa con lo que Rathenau llamaba “La invasión vertical de los bárbaros”.
 
 

 

VI. Comienza la disección del hombre masa.

Sobre el hombre medio y su derecho a no tener problemas.
“Es falso decir que la historia no es previsible. Innumerables veces ha sido profetizada. Si el porvenir no ofreciese un flanco a la profecía, no podría tampoco comprendérsele cuando luego se cumple y se hace pasado.”
 
“Nunca ha podido el hombre medio resolver con tanta holgura su problema económico. Mientras en proporción menguaban las grandes fortunas y se hacía más dura la existencia del obrero industrial, el hombre medio de cualquier clase social encontraba cada día más franco su horizonte económico. Cada día agregaba un nuevo lujo al repertorio de su standard vital. Cada día su posición era más segura y más independiente del arbitro ajeno. Lo que antes se hubiera considerado como un beneficio de la suerte que inspiraba humilde gratitud hacia el destino, se convirtió en un derecho que no se agradece, sino que se exige.”

Los verdaderos causantes del ascenso de la calidad de vida.

“A esta facilidad y seguridad económicas añádense las físicas: el comfort y el orden público. […] En todos estos órdenes elementales y decisivos la vida se presentó al hombre nuevo exenta de impedimentos. […] No hay nadie civilmente privilegiado. El hombre medio aprende que todos los hombres son legalmente iguales.”
 
“Se crea un nuevo escenario para la existencia del hombre, nuevo en lo físico y en lo social. Tres principios han hecho posible ese nuevo mundo: la democracia liberal, la experimentación científica y el industrialismo. Los dos últimos pueden definirse en uno: la técnica.”
Lo que el hombre medio lleva siendo a lo largo de toda su historia frente a lo que es hoy.
 
“El siglo XIX colocó al hombre medio en condiciones de vida radicalmente opuestas a las que siempre le habían rodeado. […] Para el vulgo de todas las épocas, vida había significado, ante todo, limitación, obligación, dependencia: en una palabra, presión […] u opresión, con tal de que no se entienda por esta sólo la jurídica y social, olvidando la cósmica. […] Antes, incuso para el rico y poderoso, el mundo era un ámbito de pobreza, dificultad y peligro.”
 
“El mundo que desde el nacimiento rodea al hombre nuevo no le mueve a limitarse en ningún sentido, no le presenta veto ni condición alguna, sino que, al contrario, hostiga sus apetitos que, en principio, pueden crecer indefinidamente.”
La idea de que el crecimiento y la mejora de la calidad de vida existe per se, a priori. En realidad es una fórmula artificial, fruto de siglos de búsqueda que debe y merece ser preservada.
 
“Ese mundo no sólo tiene las perfecciones y amplitudes que de hecho posee, sino que además sugiere a sus habitantes una seguridad radical en que mañana será aún más rico, más perfecto y más amplio, como si gozase de un espontáneo e inagotable crecimiento.”
 
“El hombre vulgar, al encontrarse con ese mundo técnica y socialmente tan perfecto, cree que lo ha producido la Naturaleza y no piensa nunca en los esfuerzos geniales de individuos excelentes que supone su creación.”
En su ensayo “España invertebrada” trata el tema del “particularísimo” con mucha más profundidad. Básicamente, desconocer de donde viene todo lo que tenemos hoy en día configura a un individuo mimado, desagradecido, egoísta, que no cuenta con los demás, y se cree superior a todos.
 
“La libre expansión de sus deseos vitales, por tanto, de su persona, y la radical ingratitud hacia cuanto ha hecho posible la facilidad de su existencia. Uno y otro rasgo componen la conocida psicología del niño mimado. […] Mimar es no limitar los deseos, dar la impresión a un ser que todo le está permitido y a nada está obligado. […] A fuerza de evitarle toda presión en derredor, todo choque con otros seres llega a creer efectivamente que sólo él existe, y se acostumbra a no contar con los demás sobre todo a no contar con nadie superior a él. Esta sensación de la superioridad ajena sólo podía proporcionársela quien, más fuerte que él, le hubiese obligado a renunciar a un deseo, a reducirse, a contenerse. Así habrá aprendido esta esencial disciplina: “Ahí concluyo yo y ahí comienza otro que es más que yo. En el mundo por lo visto, hay dos: yo y otro superior a mí.” Al hombre medio de otras épocas le enseñaba cotidianamente su mundo esta elemental sabiduría, porque era un mundo tan toscamente organizado, que las catástrofes eran frecuentes y no había en él nada seguro, abundante, ni estable.”
 
“Ningún ser humano agradece a otro el aire que respira, porque el aire no ha sido fabricado por nadie: pertenece al conjunto de lo que “esta ahí”, de lo que decimos “es natural” porque no falta. Estas masas mimadas son lo bastante poco inteligentes para creer que esa organización material y social, puesta a su disposición como el aire, es de su mismo origen, ya que tampoco falla, al parecer, y es casi tan perfecta como la natural.”
 
“La perfección misma con que el siglo XIX ha dado organización a ciertos órdenes de la vida es origen de que las masas beneficiarias no la consideren como organización, sino como naturaleza. […] No les preocupa más que su bienestar y al mismo tiempo son insolidarias con la causa de ese bienestar. Como no ven en las ventajas de la civilización un invento y construcción prodigiosos, que sólo con grandes esfuerzos y cautelas se puede sostener, creen que su papel se reduce a exigirlas parentoriamente, cual si fuesen derechos nativos. En los motines que la escasez provoca suelen las masas populares buscar pan, y el medio que emplean suele ser destruir las panaderías. Esto puede servir como símbolo del comportamiento que en más vastas y sutiles proporciones usan las masas actuales frente a la civilización que las nutre.”
La rebelión de las masas.

Lengua y síndrome de Diógenes

El otro día leí este artículo de opinión en El País. Plantea un debate muy interesante, desde un punto de opinión con el que estoy en profundo desacuerdo, y cuyos argumentos quiero comentar y contestar.

En el texto nos encontramos fragmentos como los siguientes:

“…el inglés en el que se expresa el 90% de la población mundial que lo habla es un idioma de aeropuerto, que sirve para averiguar dónde está el retrete y poco más.”

“…cuando Dios confundió las lenguas de los habitantes de Babel, obligándolos a organizarse en grupos lingüísticos que tomaron diferentes direcciones, comenzó, desde mi punto de vista, la cultura. En otras palabras, la cultura se inaugura al mismo tiempo que la diferencia.”

“…el inglés, que la mayoría de las personas habla de un modo aproximado, y no para preguntarse precisamente quiénes son, adónde van o de dónde vienen, que es para lo que lo utilizaba Shakespeare, sino para averiguar dónde está el cuarto de baño. Hay gente que se las arregla con un vocabulario de 70 u 80 palabras, lo que para el pensamiento es tan peligroso como para la biología que nos manejáramos con un esperma que no contuviera más de 70 u 80 espermatozoides.”

“Da lugar a ese fenómeno que llamamos pensamiento único. La globalización, entendida como homogeneización, es la muerte.”

El texto plantea dos ideas principales: la primera (citas primera y tercera) me parece inofensiva y fácil de tratar por lo ridícula y superficial que resulta, y es la que comentaré primero. La segunda idea (citas segunda y cuarta), sin embargo, es más difícil de tratar por su complejidad y profundidad y, sobre todo, por los sentimientos irracionales que suele despertar en nosotros. En ella es donde creo que hay un debate importante, necesario e interesante.

Empezamos por la primera: el autor expresa su preocupación ante la idea de que, en un hipotético futuro en el que poco a poco el inglés se imponga como lengua predominante a costa de la desaparición paulatina del resto de lenguas, acabemos todos hablando un inglés macarrónico que nos convierta en seres simplones incapaces de concebir ideas y pensamientos de más altura que aquellos necesarios para preguntar dónde está el cuarto de baño, cuánto cuesta el perrito caliente o vente a mi casa, que estoy solo. Es obvio que si en la actualidad el 90% de la población que habla inglés no es capaz de desarrollar con él líneas y discursos de razonamiento filosóficos existenciales con el nivel léxico necesario, o no encuentran el adjetivo correcto para describir la sensación que les transmite un cuadro cubista (harmonious, por ejemplo), es muy probable que se deba a que ese 90% no es angloparlante sino que tiene otra lengua como lengua materna, con la que sí es capaz de expresarse y describir conceptos y sentimientos complejos, siempre hasta donde su nivel cultural –en el que influyen factores que nada tienen que ver con el idioma materno– le permite. Así, el inglés es idioma de aeropuerto únicamente para aquel que lo necesita y usa solo en el aeropuerto, no cuando prevalece como primer idioma, ya que un tipo nacido en Inglaterra no habla un inglés de aeropuerto y de la misma forma no tiene sentido pensar que, de imponerse el inglés o cualquier otro idioma como lengua global, y en el caso extremo –que es el que el autor plantea– de que lo hiciera como lengua primera e incluso única de los ciudadanos del mundo, imponiéndose y eliminando al resto de lenguas, los ciudadanos del mundo fuéramos a hablar un inglés de aeropuerto. Y de nacer niños, pongamos en España, que en vez de español tuvieran el inglés como primera lengua o lengua materna, y lo emplearan en su vida de igual forma que nosotros empleamos el español en la nuestra, su inglés no sería –como el autor describe desacertadamente en el artículo– un inglés “para averiguar dónde está el retrete” o pedir un “cup de café con leche”, sino un inglés nativo, que les proporcionaría las mismas herramientas y posibilidades para expresarse lingüística y artísticamente que el inglés que pueda hablar un tipo nacido en Manchester o Boston. Pienso que sobre esto no debería haber ninguna duda.

A continuación nos debemos plantear la pregunta que nos introducirá en la segunda parte: ¿tienen un americano, un alemán, un chino, un mexicano o un francés, por el único hecho de hablar sus respectivos idiomas, capacidades diferentes de expresión lingüística o artística, o de generar y transmitir todo tipo de productos intelectuales? Mi respuesta a dicha pregunta es que no. Cualquier mensaje o idea que pueda ser verbalizada en un idioma, puede ser a su vez verbalizada y comunicada de forma precisa en otro, y no veo razón alguna para pensar lo contrario. Cervantes escribió El Quijote en español –porque él era español– y todo el contenido intelectual de El Quijote ha sido traducido, leído y comprendido por personas no hispanohablantes. El español tiene matices propios, como cada lenguaje, y El Quijote los lleva consigo en la forma de ser escrito, pero ello no ha impedido transmitir sus ideas esenciales al resto del mundo. Y lo más importante: El Quijote no tenía que ser escrito en español. Si Cervantes, en vez de español, hubiera hablado inglés o portugués, lo habría podido escribir exactamente igual, y la obra habría sido la misma, idéntica. Tal vez, si acaso, otros habrían entendido ciertos matices mejor que nosotros, pero la obra, el mensaje que se transmite, no tendría por qué sufrir merma alguna. La única limitación para la comunicación no es el lenguaje en el que la obra sea escrita, sino que haya lectores que la necesiten traducida. Y de idéntica forma habría escrito Nietzsche Así Habló Zaratustra si hubiera hablado árabe, aun no pudiendo hacer sus juegos de palabras en alemán. O Giacomo Puccini Nessun Dorma.

¿Realmente hay motivos para afirmar que la diversidad de lenguas es algo bueno en sí mismo? ¿Qué cultura se perdería si todos nos comunicáramos en un mismo idioma? Ninguna. Al contrario: serían muchísimas las ventajas vivir en un mundo donde todos pudiéramos apreciar mejor todos los matices, todos los mensajes e ideas en su riqueza, sin problemas de traducción. La lengua no tiene ningún valor en sí misma, solo tiene valor lo que se transmite con ella. Las lenguas actuales solo tienen valor en tanto que son habladas por nosotros, y por puro instinto de supervivencia, les solemos dar un valor sentimental y rechazamos la idea de que otra lengua predominante se imponga en detrimento de la nuestra. Porque nuestra lengua materna, por ser tal para nosotros, cada uno en particular, es insustituible por otra. Sin embargo, no por ellos debemos dejar de plantear que, probablemente, un mundo futuro donde todas las personas hablaran una misma lengua, incluso si ello supusiera la desaparición de otras lenguas, sería un mundo mejor para los que en él nacieran. Y no tiene sentido darle un valor superior y absoluto a nuestra lengua, más allá de lo racional, de lo estético, del carácter puramente práctico que tiene para nosotros y de lo ligados que estamos a ella por hechos circunstanciales. Porque como hemos dicho, podríamos vivir, pensar, decir y sentir las mismas cosas, habláramos español o inglés. Seríamos las mismas personas, y pensaríamos lo mismo y de igual forma a como pensamos ahora. Y lo mismo ocurriría con los que nos rodean.

Me parece este es un debate interesante e importante por dos razones: en primer lugar, porque nos puede alejar de ideas irracionales, erróneas y, en ocasiones, peligrosas. Es falso y ridículo decir, como el autor del artículo, que en la diversificación de lenguas se produce a su vez la diversificación de pensamiento. Es asociar el idioma en el que hablas a la forma en la que piensas; afirmar que yo tengo más en común, como individuo y en mi sistema de valores y esencia, con un tipo que vive en Paraguay, por la simple razón de que ambos hablamos español, y menos en común con otra persona que vive en Argelia o Noruega. ¿Acaso por hablar con alguien que comparte tu idioma materno, pasáis a compartir también determinados esquemas mentales, tenéis mismas opiniones? ¿Hay más gente parecida a mí en México que en Alemania? El destrozar el individualismo y hacer denominador común entre las personas de esa forma no es cultura, ni es progreso. Somos lo que pensamos, lo que sentimos, escribimos, pintamos, creamos y hablamos. No somos nuestro barrio, nuestro país o nuestro idioma. Somos nuestro sistema de valores, nuestros objetivos vitales y nuestro entorno solo en la medida en la que nuestro entorno nos ha influenciado en todo lo anterior citado. Ni más, ni menos. Por tanto, basta de decir que soy filósofo y serio porque soy alemán, o romántico porque soy francés, o valiente porque soy inglés, o civilizado porque soy sueco o apasionado porque hablo español. Nada de eso nos define. No somos nuestro vecino.

En segundo lugar, este debate, además de evitar estos peligros, puede facilitar que avancemos hacia delante. Si damos a nuestro idioma el valor que le corresponde y de forma altruista admitimos que un eventual futuro sin barreras lingüísticas podría ser mejor para nuestros hijos, aunque no para nosotros, estaremos más cerca de poder ofrecerles dicho futuro, al cual no esperamos asistir. La barrera para ello es grande, pero no proviene de las lenguas ni de ninguna limitación logística más allá –que no es poco– de la irracionalidad de los mundiales parlantes. No espero llegar a ver a la población global elegir y aceptar un plan común para universalizar de forma progresiva un mismo idioma, pongamos el inglés, que haga peligrar el predominio del resto de lenguas durante las posteriores generaciones. Sin embargo, no por ello quiero dejar de decir que tal cosa podría ser el mejor camino a seguir, y plantearlo aquí así. Estaría bien empezar cuanto antes.

Lengua y síndrome de Diógenes

TRES REFLEXIONES PARA UNA TEORÍA DEL TODO

Hace algunos días fui con mi grupo de amigos a ver la recién estrenada “La teoría del todo”, película que repasa los capítulos más reseñables de la vida del científico inglés Stephen W. Hawking.

La película, que recomiendo bastante y que me ha parecido una de las mejores que he visto en este 2015 (no en vano Eddie Redmayne, quien interpreta a Hawking recibió el Oscar al mejor actor en la última edición de los prestigiosos galardones) me animó a leer “Breve historia del tiempo: del Big Bang a los agujeros negros” un libro que siempre había tenido dando vueltas por casa pero que nunca me terminé de animar a leer.

Ayer acabé de leer “Historía del tiempo” y me gustaría compartir un par de reflexiones en el blog.

En primer lugar, cabe hablar brevemente del autor Stephen W. Hawking, quien a la gran mayoría no resultará desconocido. Stephen Hawking es posiblemente una de las figuras más conocidas de la ciencia moderna. Enclavado en una silla de ruedas desde hace décadas y sin poder comunicarse más que por un ordenador que reproduce su mensaje con voz metálica, la figura de Hawking es casi mitológica. El hombre unido a la máquina. La   física y la metafísica.

Stephen Hawking Women are biggest mystery in the universe

La figura de Hawking, caricaturizada en multitud de ocasiones, infunde cierto respeto. Respeto a un hombre con un cociente intelectual de 160, científico de primera línea, capaz de desgranar los misterios del universo, de sobrevivir desde 1962 a la enfermedad de ELA (que recientemente haría a medio mundo tirarse cubos de agua helados por las redes sociales) y de escribir best-sellers como “Historia del tiempo” que despiertan el interés del público más profano en asuntos tan distinguidos como el origen del universo, los agujeros negros, la mecánica cuántica (que explica los fenómenos físicos a nivel estructural de la materia, allá donde las leyes de la física clásica dejan de funcionar), el continuo espacio-tiempo, etc.

Digamos que el respeto que infunde Hawking es similar al que se tiene a otra eminente figura de la ciencia como es Alfred Einstein y que tan bien describiría el actor Charles Chaplin durante una célebre conversación que ambos tuvieron en cierta fiesta y donde fueron presentados.

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En el transcurso de la conversación, el físico elogió al cómico de la siguiente manera:

– “Lo que he admirado siempre de usted es que su arte es universal; todo el mundo le comprende y le admira”
A lo que Chaplin respondió:
– “Lo suyo es mucho más digno de respeto; todo el mundo le admira y prácticamente nadie le comprende”

Ese es, por tanto el tipo de admiración que despiertan personalidades de la talla de Einstein, Hawking, Schrödinger y compañia.

Bien, comencemos de una vez con las reflexiones personales que me llevo de la lectura de “Historia del tiempo” un libro que me ha venido muy bien leer, pues estaba en un momento complicado en el que necesitaba algo que me hiciese “Ganar altura” (término acuñado por otro de los colaboradores de este blog y que posiblemente se desarrolle en posteriores entradas). Ganar altura para mí no es más que observar las cosas con perspectiva, haciendo que tomen proporción de lo que realmente son. ¿Qué mejor que comparar la realidad cotidiana con el TODO, es decir con el UNIVERSO, para darse cuenta de lo insignificantes que pueden ser ciertas cosas?

Antes de comenzar el viaje astral, recomiendo escuchar la banda sonora de la película Interstellar, compuesta por Hans Zimmer y que puede venir muy bien para leer este post, sentarse a leer, estudiar o simplemente reflexionar.

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PRIMERA REFLEXIÓN: LOS ÁTOMOS QUE SOÑABAN CON ÁTOMOS

“Nos hallamos en un mundo desconcertante. Queremos darle sentido a lo que vemos a nuestro alrededor, y nos preguntamos: ¿Cuál es la naturaleza del universo? ¿Cuál es nuestro lugar en él, y de dónde surgimos él y nosotros? ¿Por qué es como es?” (Stephen Hawking)

Esta idea la había encontrado ya en otro blog que me recomendó el mismo colaborador que desarrolló la idea de “Ganar altura”. El blog en concreto se llama Wait But Why (waitbutwhy.com) y la entrada en particular: “A religious for the non-religious”, que es una de las mejores que he leído en mucho tiempo, y que recomiendo leer para inspirarse, particularmente si se tiene interés en leer también “Historia del tiempo”.

Básicamente uno de los argumentos que propone el autor para salir de lo que él llama “la niebla”, el conjunto de circunstancias que nos impide ganar altura y tomar consciencia de la magnitud verdadera de muchas cosas y de cuanto desconocemos, es el de darnos cuenta de que las personas no somos más que materia compuesta por millones de átomos que de una forma u otra (aquí ya entrarían las creencias de cada uno) ha logrado ganar consciencia de sí mismos y ganar conocimiento de la realidad que los rodea.

La consciencia de uno mismo es uno de los pilares en los que se basa la ética para dotar al ser humano de dignidad (que iría por encima de otros seres vivos, como una planta, o algunos animales, que a priori no son capaces de comprender su propia existencia)

Se ha demostrado que hay también especies de animales con mayor grado intelectual que otros que son capaces de reconocerse a sí mismo en espejos. ¿Y si más especies de las que creemos tuvieran consciencia de sí mismas o de que algún día dejarás de ser?

De alguna forma a lo largo de la infinitud del tiempo han surgido las condiciones óptimas para que un conjunto de partículas interactúen entre sí, dando lugar con el paso del tiempo a organismos autoreproductores que han originado especies cada vez más complejas, capaces de adaptarse al entorno en el que viven. Algunas de esas especies se desarrollaron más que otras, hasta el punto de que fueron comprendiendo la realidad que los rodeaba.

En algún momento nos dimos cuenta de que el Sol siempre salía por el mismo sitio y que las estrellas adoptaban ciertas posiciones en el firmamento. Empezamos a desentrañar los secretos del universo hasta tal punto que hemos llegado a comprender de qué material estamos hechos. La materia inerte pasó a llegar a tomar entendimiento de sí misma. Somos un conjunto de átomos que piensan y entienden sobre otros átomos.

Comprender que tal cosa ha podido pasar hace que cualquier situación de nuestra vida cotidiana resulte irrisoria. Somos casi una broma cósmica. Polvo espacial que a lo largo de un viaje cuasi-eterno por el universo ha logrado producir vida, y que se ha entendido a sí mismo.

If life is going to exist in a Universe of this size, then the one thing it cannot afford to have is a sense of proportion.”
(Douglas Adams)

Mírate la mano. En algún momento hace miles de millones de años la materia que la formaba estuvo flotando por el espacio. Polvo eres y en polvo te convertirás.


SEGUNDA REFLEXIÓN: SOBRE COMO EL PRINCIPIO DE INCERTIDUMBRE MATÓ AL DETERMINISMO

“Dios no juega a los dados” (Albert Einstein)

En el siglo XIX, el éxito de las teorías de Newton sobre la gravedad llevó Marqués de Laplace a argumentar que el universo era completamente determinista: es decir, que deberían existir un conjunto de leyes que nos permitiesen predecir todo lo que ocurriese en el universo, dado el estado de éste en un instante concreto.

Es decir, con esas condiciones de partida se podría calcular el estado de todo el universo para cualquier instante posterior. Laplace era de la opinión de que el determinismo no solo era aplicable al campo puramente físico sino que se podría extender a otros aspectos, como el propio comportamiento humano. En aquel momento, las ideas de Laplace fueron criticadas por aquellos que creían que un universo enteramente determinista era incompatible con la idea de una deidad que tuviese libertad de obrar y de interactuar con el universo, modificándolo a su antojo.

Más tarde el científico alemán Max Planck enunció su idea de una dualidad onda-partícula de la materia cuyas implicaciones contra el determinismo no quedarían de manifiesto hasta que en 1926 Heisenberg formuló su principio de incertidumbre.

El principio de incertidumbre nos dice que para conocer el estado absoluto (posición y velocidad) de cualquier partícula, habría que medir con precisión dichas magnitudes. La forma obvia de hacer esto es mirando la luz que refleja esa partícula. Sin embargo, según la hipótesis de Planck, esta luz perturbaría a la partícula cambiando su velocidad en una cantidad que no puede ser predicha.

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Heisenberg con la ecuación que le hizo ganar el premio Grammy…Oh Wait!

Por otro lado, resulta que con cuanto mayor precisión se intente medir la posición más se perturbará a dicha partícula y más errónea será la medida. El principio de incertidumbre a priori resultaría intranscendente en el mundo que nos rodea, el mundo macroscópico, pues la gran masa de los objetos hace que se pueda despreciar el efecto de la observación en la medida, de forma que no afecta a las leyes de la mecánica clásica, que rigen el mundo a gran escala (el movimiento de los planetas, de tu coche o de un balón de baloncesto)

No obstante el principio cobra gran importancia cuando nos acercamos más y más para observar el mundo de las partículas constituyentes (los átomos, electrones, neutrones protones y otras partículas constituyentes como los quarks), donde las leyes de la mecánica clásica pierden validez.

Heisenberg demostró que existe un límite inferior (llamado constante de Planck) para el nivel de incertidumbre que hay en la media de la posición y velocidad de una partícula. El principio de incertidumbre es una propiedad fundamental, ineludible del mundo y que destruiría de forma categórica la posibilidad de un universo regido por leyes deterministas con el que soñase siglos antes Laplace. Ciertamente no se puede predecir el estado futuro del universo si ni siquiera se puede medir con exactitud su estado actual.

Esto supondría un cambio radical en la física y en la concepción que tenemos del mundo microscópico, en el cual ya no se habla de estados absolutos sino de estados posibles y sus probabilidades asociadas. El principio de incertidumbre daría paso a la formulación de un nuevo conjunto de leyes del universo que se conocen como mecánica cuántica y en las cuales se basa casi toda la ciencia y la tecnología moderna: gobierna por ejemplo el comportamiento de los transistores, base funcional de toda la electrónica moderna.

El principio de incertidumbre tiene profundas aplicaciones sobre el modo que tenemos de ver el mundo. Me hace pensar que si el universo es intrínsecamente impredecible y el conocimiento que podemos tener del mundo que nos rodea está limitado, ¿qué sentido tiene aplicar una actitud de certeza absoluta en nuestras vidas?

¿Existe algo de lo que podamos estar enteramente seguros? ¿Conviene adoptar un planteamiento racional y pensar de forma fría y calculadora en el día a día, en términos de probabilidades y estados posibles? ¿Anula el principio de incertidumbre el determinismo de todos los ámbitos o sólo de la física?

Creo que el principio de incertidumbre debería servir para recordarnos que no todo se puede predecir con absoluta certeza. Recordar que lo que consideramos como acontecimientos seguros pueden no ocurrir, que nuestra certeza de la realidad es limitada; puede servir en el día a día para obrar de forma más comedida. En definitiva, la lección que obtengo de un universo regido por las probabilidades, en el que no se pueden determinar estados absolutos con probabilidades totales, es que no hay que darlo todo por sentado.

El principio de incertidumbre y su importancia a la hora de desarrollar la mecánica cuántica puede suponer un guión de vida, un protocolo de actuación, que hace que una de las virtudes que trato de poner en uso con más énfasis en mi día a día cobre aún mayor importancia. Esa virtud no es otra que la prudencia.


TERCERA REFLEXIÓN: LA TEORÍA DE LA RELATIVIDAD, O PORQUÉ CADA UNO TIENE UN RELOJ EN SU MUÑECA

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“Puto Wasabi” (Albert Einstein)

En 1887 Albert Michelson (primer estadounidense en recibir el premio Nobel de Física) y Edward Morley llevaron a cabo un complicado experimento en Cleveland para medir la velocidad de la luz en la dirección del sentido de giro de la tierra y en la dirección opuesta a este.

Hasta entonces se pensaba que la velocidad de la luz no era fija y que diferentes observadores que se moviesen de formas diferentes verían acercarse la luz con distintas velocidades. ¡El experimento de Michelson-Morley demostró que ambas velocidades eran iguales!

En 1905, un artículo de un desconocido empleado de una oficina de patentes, Albert Einstein, sentaría las bases de una nueva teoría, la teoría de la relatividad. Dicha teoría postulaba que las leyes de la Física deberían de ser las mismas para todos los observadores en movimiento libre, independientemente de cual fuese su velocidad, con tal de que se estuviese dispuesto a abandonar la idea de un tiempo absoluto.

La teoría de la relatividad implica que todos los observadores deberían medir la misma velocidad para la luz, independientemente de la rapidez con la que ellos mismos se estuviesen moviendo.

Esta conclusión tiene algunas consecuencias extraordinarias que vienen recogidas en una de las ecuaciones más famosas de la historia: E=mc2.

Debido a la equivalencia que esta ecuación establece entre masa y energía, nuestra masa es mayor cuanto mayor es nuestra velocidad. A medida que nuestra velocidad (y la de cualquier objeto) aumenta, también aumenta nuestra masa. Cuanto más se acerca un objeto a la velocidad de la luz a mayor ritmo crece su masa y por tanto más costoso es seguir aumentando su velocidad. De esta forma, la energía que se necesitaría para que un objeto se mueva a la velocidad de la luz es infinita, lo cual a efectos prácticos es imposible (animo al lector a quemar 500 kcal en una cinta de correr para ganar un poco de consciencia de la magnitud del asunto)

Sólo la luz puede moverse a la velocidad de la luz. Otra de las consecuencias importantes de la teoría de la relatividad es que ha modificado nuestra concepción del espacio y del tiempo.

Planteo que el lector se imagine el siguiente caso:

Un observador juega con una pelota de tenis en el vagón de tren. La lanza contra la pared y esta rebota y vuelve a su mano. Un segundo observador mira al primero desde el andén, mientras el tren está en movimiento. Si ambos observadores tuvieran relojes exactamente iguales medirían exactamente el mismo tiempo entre que el primer observador tira la pelota y esta vuelve a su mano, sin embargo la distancia que deberían ver recorrer a la pelota es distinta. Esto implica que dado que la velocidad es igual al espacio recorrido por el tiempo transcurrido en el desplazamiento, ambos observadores ven moverse a la pelota con velocidades distintas.

Para el caso de las leyes anteriores a la relatividad de Newton, este caso era aplicable al movimiento de la luz. Se partía de la idea de un tiempo absoluto. Sin embargo la relatividad general plantea que la velocidad de la luz es la misma independientemente del observador. Los dos observadores, el chico del andén y el pasajero del tren seguirían estando en desacuerdo sobre la distancia recorrida por la luz (a la que nuestro símil representa como una pelota de tenis), pero dado que su velocidad es la misma para los dos, un sencillo cálculo nos demuestra lo siguiente: cada observador mide un tiempo distinto.

¡La teoría de la relatividad acaba con la idea de un tiempo absoluto! La teoría de la relatividad nos fuerza a cambiar nuestros conceptos de espacio-tiempo. Debemos aceptar que el tiempo no está separado ni es independiente del espacio, sino que ambos forman un conjunto llamado espacio-tiempo.

Podríamos por lo tanto hablar de un suceso como algo que ocurre en un punto particular del espacio, en un instante determinado. Para ello necesitamos fijar un sistema de coordenadas, con tres coordenadas espaciales, y una temporal. Las cuatro coordenadas de un suceso especifican su posición en un espacio cuatridimensional llamado espacio-tiempo. Sin embargo a la mente humana le es imposible pensar en cuatro dimensiones.

De cierta forma se puede encontrar interpretación bidimensional de un suceso.

Supongamos un suceso P, como puede ser la propia existencia de una estrella, en un momento determinado, en un puto concreto del espacio. Esa estrella, como la mayoría de objetos en mayor o menor medida, emitirá luz, que se moverá por el espacio en todas las direcciones, a la velocidad de la luz. A medida que pase el tiempo la luz emitida en un instante se habrá desplazado en el espacio alejándose de la estrella. Así, para distintos instantes de tiempo podemos imaginar los conjuntos de posiciones tridimensionales de la luz que fue emitida en el instante inicial. Esto es similar a la onda que se forma al tirar una piedra en un estanque y que se va expandiendo en direcciones iguales alrededor del punto donde ha caído la piedra.

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De manera similar, la luz al expandirse desde un suceso determinado forma un cono tridimensional, que se conoce como el cono de luz futuro del suceso. De la misma forma existe otro cono inverso llamado cono de luz pasado que vendría a significar el conjunto de sucesos desde los cuales un rayo de luz pudo partir, según el tiempo, para en el instante inicial afectar al suceso P. La región donde ambos conos convergen sería el instante del suceso P.

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Sin profundizar más en las implicaciones de la relatividad general y todas las especulaciones surgidas en películas, literatura y otros medios de comunicación como pueden ser viajes en el tiempo y en el espacio y demás, quisiera compartir un par de pensamientos que me han surgido.

En primer lugar, la idea de una serie de posiciones espacio-temporales que puedan afectar a un suceso P (básicamente todas las regiones comprendidas dentro del cono pasado así como la propia superficie del mismo y la existencia de una región futura a las cuales el suceso P pueda afectar) me hacen pensar en nuestros actos cotidianos, las causas que los originan y las consecuencias que estos tienen a futuro, no solo para nosotros sino para todas las personas. Igualmente se podría hablar de un horizonte de sucesos pasados y futuros que influyen en nuestras acciones y a las que estos afectan.

Un simple ejemplo de ello que afecta a mi nacimiento (Suceso N): hace unos 40 años algún político aprobó (ignoro quién y en qué circunstancias) una ley para aprobar la construcción de cierto tipo de centrales eléctricas en España. Con el paso del tiempo se decidió que en un lugar concreto se construyese una de esas centrales. Tras años de obras, desarrollo del proyecto y demás la central estaba lista para su operación. Se contrató a personal de todas partes, lo que resultó en que un hombre de lejos de esa zona geográfica y una mujer de las cercanías coincidiesen en un mismo punto espacio-temporal. Tras unas cuantas peticiones para invitarla a cenar y unos cuantos rechazos la voluntad de esa mujer se debilitó y dio paso a una primera cita. La relación prosperó y años más tarde nacería el autor de este post. No solo un único suceso fue determinante para que eso pasase (aquel político firmando esa ley) sino infinidad de ellos, como todos los sucesos dentro del horizonte de sucesos pasados de los nacimientos del hombre y de la mujer u otra infinita serie de sucesos como los que originarían que la empresa mandase a ese trabajador a dicha central.

En definitiva, resulta abrumador pensar en todas las coincidencias que se han tenido que dar para que nuestra vida sea a día de hoy como es. Del mismo modo, es interesante pensar cuánto pueden influir nuestros actos ahora en muchas cosas del futuro.

La segunda reflexión que me trae la teoría de la relatividad hace alusión a los sistemas de referencia y como el suceso es visto de forma distinta por varios observadores. Me viene a la cabeza que todos somos en gran medida bastante similares al nacer. A lo largo de nuestro desarrollo los sucesos que observamos, el medio en el que vivimos y cómo y en qué circunstancias aprendemos de él nos condicionan. Así, en la naturaleza humana son los sucesos distintos vividos los que van modelando el sistema de referencia, condicionándolo en su desarrollo. Somos durante nuestra vida poco más que observadores del universo que nos es visible, montados en un sistema de referencia (nuestra dimensión ético-moral e intelectual) cuyas leyes se van modificando con el paso del tiempo. ¿O debería decir más bien “a través del espacio-tiempo?”

TRES REFLEXIONES PARA UNA TEORÍA DEL TODO

QUÉ ES EL AMOR

Seguramente y más de una vez, te has encontrado con un título similar en algún enlace del Facebook que algún amigo tuyo compartió. Y PAM pinchas en él como una loca, esperando encontrar algunas cuantas frases que describan el gran misterio de qué es el amor.

Lo que al final acabas encontrando son una sarta de frases, al estilo El Diario de Noa que al final, más que resolverte la gran pregunta universal, te dejan un sabor dulzón y empalagoso que te dura todo el día. Y ya no te cuento si la que lee el artículo se encuentra sin pareja en ese momento. Porque claro, todas en el fondo deseamos poder leer esos artículos que plagan nuestro Facebook y pensar en nuestra media mandarina.

Por otra parte, pienso que estos nuevos blogs llenos de frases románticas y de textos donde nos describen cómo debe ser el amor, no hacen más que crearnos unas falsas expectativas al más puro estilo Walt Disney. Y es que vivimos en un mundo en el que parece ser que encontrar una persona con la que querer compartir años de tu vida (y ya no te digo TODA la vida) es igual de complicado que encontrar un Gamusino. Sin embargo, todas, y hablo en femenino porque en este caso quiero hablar desde nuestra perspectiva (se admiten respuestas del otro bando), seguimos buscando a ese alguien que nos haga sentir mariposas en el estómago y nos venga a recoger en limusina con un ramo de rosas. Todas queremos sentirnos un poco Pretty Woman.

Creo que cuando leemos 50 Sombras de Grey y vemos lo maravilloso que es él y todas las cosas que hace por ella, cuando vemos en algún video de Youtube la nueva y alucinante forma que tiene él de pedirle matrimonio a ella, o mismamente, cuando vemos las fotos en nuestro Facebook o en Instagram de la típica parejita que sube fotos de los regalos que se hacen constantemente, o del último fin de semana que le ha regalado él a ella en París, nos quedamos pensativas. Pensativas porque nos decimos a nosotras mismas: ¿por qué yo no? Y quizás tu novio te ha regalado un precioso fin de semana en Córdoba o simplemente te escribe un “Buenos días” todas y cada una de las mañanas, haciendo que te levantes de mejor humor.

Pero no, me he dado cuenta de que somos insaciables y de que siempre queremos más. No nos basta con lo que tenemos. Basta con ver otra cosa que no tienes y quererlo. Querer mejorar la relación constantemente, porque claro, qué mierda que a ti tu novio no te lleve en helicóptero hasta su casa a lo Mr. Grey.

Quiero dejar claro, que a mí me pasa la primera. Y lo peor es que me doy cuenta según me pasa. Vente a buscarme al aeropuerto con floreees, Escríbeme cartas diciendo lo mucho que me quieres, Aprende a cocinar y hazme cenas románticas, ¿Por qué no eres más cariñoso conmigo?, ¿Por qué a mí no me llevas París?, y un sinfín más de idioteces que una vez las has dicho, te das cuenta de lo infantiles que suenan. Pero están ahí, el culo veo culo quiero no acaba a los seis años señoras y señores.

Pues bien, hoy mi novio, al que le encanta enseñarme sus nuevos descubrimientos, sea del tipo que sean, me ha enviado un vídeo de una reciente campaña de Ikea, diciéndome lo “BUENÍSIMO” que era. Voy a describir el anuncio brevemente para poneros en situación. El anuncio nos muestra a algunas parejas durante sus comprar en Ikea, durante las cuales no dejan de discutir sobre las cuestiones que creo yo, son UNIVERSALES de todas las parejas cuando van al Ikea (o a cualquier tipo de establecimiento). En fin, en todas las parejas, los problemas parecían ser provocados por las mujeres, ya que como bien sabemos, nos encanta llevarnos la razón. ¿Qué quiero comprar velas? Se compran velas. ¿Qué digo que la cama tiene las medidas para que quepa en la habitación? Tiene las medidas. Y así en un sinfín de situaciones, donde parece ser, en la mayoría de ellas, nuestra pareja nos enseña la bandera blanca de la rendición. Y nos encanta.

Pero al ver este anuncio, gracioso y realista cuanto menos, me ha hecho pensar en cómo se sienten en ocasiones ellos. Y he llegado a la conclusión de que (redoble de tambores) VIVEN BIEN SOLOS. Sí, parece una conclusión estúpida de primeras, pero dejad que os cuente. Ellos sin nosotras son LIBRES de hacer lo que les plazca. ¿Que se quiere tomar una cerveza a las diez de la mañana? Se la toma, ¿que quiere cenar pizza cuatro veces a la semana? Se la cena, ¿que quiere estar sin recoger los platos sucios dos días? Pues ahí les den a los platos, que si hace falta come en servilletas. Y entonces amigas, es cuando nosotras llegamos a sus vidas. Y sí, como buenas estrategas que somos, entramos haciendo poco ruido, para que no se sientan acobardados ni agobiados (que por cierto, esta última es una palabra que les encanta). Pero de la noche a la mañana ZAS, se encuentran con el reto más grande de sus vidas. Aprender a estar con alguien. Y no, no neguemos la realidad. Salir con una mujer es un reto que les costará dinero, tiempo y esfuerzo. Para que después de algunos años, les exijamos que se pongan las pilas, que esto no es lo que estoy leyendo yo en el último blog de mi Facebook. Y todo esto me ha hecho pensar en nuestra pregunta inicial:

¿QUÉ ES EL AMOR?

Creo que el amor no consiste en sentir mariposas las 24h del día, ni en esperar que tu chico se presente en limusina cada vez que sea una ocasión especial, ni en que te escriba las cartas más bonitas del mundo. El amor consiste en ir de compras con él y que no desespere sujetándote el bolso en una tienda atestada de gente mientras tú te decides por un pantalón u otro, que a su parecer serán iguales (y aun así hará de apoyo moral decidiéndose por uno). Amor es que vayáis al Ikea, y que tú quieras comprar todas las tonterías de la tienda (véanse marcos de fotos, cojines, velas, flores y un largo etc.) y que, tras una posible y segura discusión, porque está claro que para él, el sinfín de tonterías es algo innecesario, acabará dando su brazo a torcer para que tú salgas sonriente por la puerta con tu cantidad ingente de velas. Amor es cenar en un restaurante, que tú te encuentres mal, y que él pida que le empaqueten la comida para comérsela al día siguiente contigo, a sabiendas de que sabrá muchísimo peor. Amor es ir al supermercado y comprarte un zumo que sólo a ti te gusta, sabiendo que él tendrá que comprar otro.

Y es que al final, no podéis negarnos nada, porque para cuando os dais cuenta de que solos estáis mejor, nosotras ya hemos arrasado con todo, y ya no hay marcha atrás. Porque os habéis enamorado, y os acaban gustando nuestras velas, las cenas del día anterior e incluso nuestro zumo.

Y esto me hace pensar que ellos renuncian a muchas cosas por nosotras, y que nosotras, cegadas por el bombardeo romántico-ñoño de este siglo, no nos damos cuenta de estas cosas, que al fin y al cabo, es lo que llaman AMOR.

Y a mí en estos momentos me dan ganas de darle un gran beso a mi novio y decirle: la próxima vez, compraré menos velas en el Ikea.

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QUÉ ES EL AMOR

Ilustres ignorantes

Ayer leí el último post de Tim Urban en su blog Wait But Why, titulado “The Procrastination Matrix“, donde continúa desarrollando el tema de la procrastinación –probablemente una de las palabras más feas que existen– después de otras dos entradas también reflexionando sobre lo mismo. Esta vez, añade además su propia historia personal, de lucha contra la inconsistencia y la falta de autodisciplina patológica a lo largo de su vida y de las diferentes etapas y proyectos que ha llevado a cabo; y por otra parte enlaza a su vez todo esto con una búsqueda “inconsciente” de aquello que de verdad le apasiona. Llega a decir que, efectivamente, en todos sus proyectos del pasado –la universidad, la música, las tutorías a estudiantes– adoleció de una procrastinación que le incitaba a “escaquearse”, a interesarse por cualquier cosa menos por lo que debía hacer y abandonar al cabo de un tiempo aquello con lo que se había comprometido. Pero concluye –o eso he entendido– que esto no fue simplemente vagancia, falta de disciplina y búsqueda de placer inmediato, sino además un proceso natural y beneficioso que le ha llevado a desechar aquellas actividades que no le motivaban y llenaban de verdad, hasta llegar a donde está ahora, escribiendo en Wait But Why, que por X razones sí que le llena de verdad, y le supone menos esfuerzos para luchar consigo mismo, ya que su “Mente Pensante” y su “Mono de la Gratificación Instantánea” parecen haberse puesto de acuerdo para estimularle juntos y en resonancia a trabajar motivado y sin pausa en aquello que se ha comprometido hacer. Usa además la matriz de Eisenhower que usó Stephen Covey para explicar el tercer hábito de la gente altamente efectiva, titulado “Lo primero es lo primero”, lo cual me ha gustado, aunque no sé si Stephen Covey hubiera matizado algunas de las cosas que dice Tim Urban.

Más tarde empecé y leí el primer capítulo el libro “El camino de los sabios” de Walter Riso, un psicólogo especialista en terapia cognitiva entre otras cosas. Es un libro muy cortito –unas 150 páginas– donde el autor quiere recuperar algunas de las ideas de los grandes filósofos de la Antigüedad (en concreto, de Sócrates, Epicuro, Diógenes y Epicteto) y aplicarlas en la vida cotidiana moderna para que nos sirvan un poco de guía, y nos recuerden ciertas lecciones y valores sólidos que nos pueden ayudar para ser más sabios, dueños de nuestra vida y con recursos para resolver nuestros problemas. Las dos ideas más importantes que se recalcan con las que me he quedado tras el primer capítulo son dos: la primera, que debemos aspirar a saber más, a comprender nuestra realidad y a cultivar una inquietud y un diálogo constante con nosotros mismos que nos llevará al autoperfeccionamiento y a una mayor fortaleza para alcanzar la serenidad y la felicidad. Tratándose el libro de filósofos, que se dedican principalmente a eso, tampoco extraña. Y la segunda cualidad que exigen es la de la coherencia, la de ser consecuente con aquello que se predica, el de tener unos valores fijos y una línea de trayectoria fija de la que no se desvía. Y menciona casos de personas que a lo largo de la Historia lucharon y defendieron sus ideales y valores, aplicándolos rigurosamente en su vida y en sus actos, y convenciendo así de ellos a los demás a través de su ejemplo e integridad.

Y después de leer estos dos textos, pensaba sobre lo difícil que a veces resulta, por una parte, mantener una actitud de búsqueda de mejora constante, ser flexible para pivotar –como cuenta Urban– y experimentar con actividades y terrenos nuevos en los que aprender e incluso reinventarse; y, por otra parte, ser una persona coherente, constante y que sigue una trayectoria fija y bien definida, dando así un ejemplo y testimonio de vida a los demás. No sé si será un error de interpretación mío, o una ambigüedad del texto, pero me parece que no se deja claro una cosa muy importante, y es que para mantener esa coherencia con nuestros valores y ese ejemplo con nuestros actos, pasado cierto punto hace falta más que esforzarse por mantener un diálogo con uno mismo y una actitud de escucha y aprendizaje que nos haga ser más sabios. Es necesario, además, descubrir –por haberlo buscado más, o menos– cuál es nuestra verdadera motivación, qué es aquello que nos apasiona y qué propósitos e ideales son aquellos por los que estamos dispuestos a dedicar nuestra vida, dar testimonio con ella o incluso perderla. Mantener una actitud de búsqueda es muy importante para encontrar, y hay que decirle a la gente, en primer lugar, que deben aspirar a más, que aprendan, que reflexionen, que confíen en que dentro de ellos está la oportunidad y la voluntad para seguir mejorándose y ser más felices. Pero buscar no es encontrar, y podemos estar de acuerdo y firmemente convencidos de que queremos seguir dicha trayectoria de automejora, e incluso ser sólidos y coherentes en este aspecto, y dar, como decían, ejemplo a los demás. Pero en la vida no siempre basta con esto, y puede haber un escalón de esfuerzo entre medias que no debemos menospreciar. Tal vez a los filósofos que se menciona en el libro sí les bastaba, porque por su propia condición de filósofos, dedicaron por entero su vida a la búsqueda de la sabiduría y el testimonio de la misma a los demás, y su propia búsqueda constituía de por sí su fin último. O los que se dedican a estudiar la mente y al ser humano, como psicólogos y escritores de libros sobre desarrollo personal. Pero para la mayoría de personas de hoy en día, a las que la filosofía y el autoconocimiento puede ayudar muchísimo pero sin ser un fin en sí mismo a lo que vayamos a dedicar de forma explícita la mayor parte de nuestro tiempo o profesionalmente, nos falta algo más. Y tal vez sea un error mezclar el discurso y no dejar claro que buscar y encontrar no son las dos caras de una misma moneda, que no tienen por qué tener una relación tan directa, que puede haber gente que se pasa demasiado tiempo de su vida buscando sin encontrar, y gente que desde el principio, afortunados ellos, tuvieron claro quiénes eran y qué querían hacer, y la mayor parte de su vida pudieron dedicarla no a querer conocerse más y tratar la filosofía como una búsqueda, sino a concretar y desarrollarse única y exclusivamente en su vocación.

Así, yo, por ejemplo, actualmente no sé qué es a lo que me quiero dedicar profesionalmente y que me pueda apasionar, algo que de verdad me lleve a dedicar más de un tercio de mis horas de vida con motivación y esfuerzo, sintiendo que hago una aportación al mundo, persiguiendo una idea en la que crea por encima de cualquier otra, dando la mejor versión de mí mismo y, además, pudiendo vivir de ello. Y esto me lleva muchas veces a comenzar proyectos que no conozco y que no sé si terminaré, a comprometerme a ciegas con cosas que luego resulta que no me llenan, a procrastinar, a cambiar de opinión, a abarcar mucho y apretar poco y en definitiva a andar como un pollo sin cabeza. Bastante lejos de esa definición de solidez y fiabilidad que me animan a cumplir. Sí tengo ciertos valores muy claros que sigo medianamente bien, sí me intento conocer a mí mismo, sí pienso y busco y sí me atrevo con cosas diferentes, y es precisamente esa búsqueda la que me hace ser, por una parte, más sabio, pero por otra, tan variante y desfocalizado.

Me encanta filosofar y me siento a gusto teorizando, analizándome, conjeturando y tratando de entender cómo somos. Pero el mundo de hoy no nos invita a ver esta búsqueda general como un fin en sí mismo, se fija en qué viene después de encontrar aquello que elegimos como proyecto de vida. Para encontrarlo sí puede ayudar filosofar, pero ni filosofar implica de por sí un encuentro rápido y fácil, ni el hecho de saber qué es lo que queremos hacer implica que hayamos necesitado un gran proceso de búsqueda interior. Steve Jobs o Martin Luther King no son quienes son por haber llevado a cabo largo proceso de aprendizaje y conocimiento a lo largo de su vida, sino porque supieron pronto qué era lo que debían perseguir, y los resultados sólidos de esa convicción son los que les llevaron a ser celebridades y a quienes más se nos invita a parecernos.

Así, la próxima vez que nos hablen de estos temas de experimentar la vida, buscar, encontrar y luchar por aquello en lo que creemos, intentemos dejar claras dos cuestiones: la primera, saber si nos están hablando de dicho proceso de aprendizaje como un fin en sí mismo de enriquecimiento para aprovechar más el mundo que nos rodea y autoperfeccionamiento personal, o como una búsqueda ansiada y crítica de prueba y error para descubrir nuestra misión vital. Porque no es lo mismo la búsqueda de conocimiento de Mark Zuckerberg, con Facebook ya rodando, empezando a aprender chino mandarín y a leer un libro cada dos semanas, que la de un veinteañero que echa currículums a discreción a empresas o universidades sin tener ni puta idea de lo que de verdad le gustará hacer y dónde se está metiendo. Y segunda, que una cosa es ser coherente con los valores propios básicos que deseamos en nosotros mismos para ser unas buenas personas y unas mentes pensantes, y otra ser coherente en los actos domésticos que realizamos diariamente y los proyectos y las trayectorias en las que nos embarcamos. En el primer caso, es muy fácil tener claro qué buenas personas queremos ser, o al menos es algo que está bajo nuestro pleno control, y lo está a su vez esforzarnos, con más o menos éxito, en mejorarnos y disciplinarnos para ello. Pero en el segundo, para encontrar dicha trayectoria fija y coherente dependeremos de encontrar en nuestro entorno exterior nuestra misión vital que podamos traducir en una ocupación. Y esto, ya te voy avisando, es mucho más complicado.

Ilustres ignorantes

Otro dia más en el Paraiso…

El ser humano es capaz de explorar continentes, cruzar montañas y cordilleras, conquistar las abismales profundidades oceánicas, llegar al vasto infinito del espacio y contemplar su propio hogar desde la soledad de la superficie lunar… sin embargo, en nuestra ilusión de autosuficiencia, que poco tiempo dedicamos a la contemplación de lo mas indomable y misterioso que poseemos: nuestra conciencia como individuos y nuestra pertenencia como especie.

Les dejo un inspirador video de Carl Sagan… El pálido punto azul!!!

Otro dia más en el Paraiso…