La rebelión de las masas.

Os dejo lo mejor de los primeros seis capítulos. Iré subiendo el resto cuando los transcriba y piense un poco sobre ellos.

Como podéis comprobar algunos de los temas que trata son sorprendentemente actuales.

Primera parte: La rebelión de las masas.

I. El hecho de las aglomeraciones

A principios del S XX se aprecia el crecimiento -tanto en número como en calidad de vida- de la clase media.

“Tal vez la manera mejor de acercarse a este fenómeno histórico consista en referirnos a una experiencia visual […] sencillísima de de enunciar, aunque no de analizar, yo la denomino el hecho de la aglomeración del “lleno”. Las ciudades están llenas de gente. […] lo que antes no solía ser problema, empieza a serlo casi de continuo: encontrar sitio.”
 
“¿Qué es lo que vemos y al verlo nos sorprende tanto? […] Aunque el hecho sea lógico, natural, no puede desconocerse que antes no acontecía y ahora sí, […] lo cual justifica, por lo menos en el primer momento, nuestra sorpresa.”
 
“Sorprenderse, extrañarse, es comenzar a entender. Es el deporte de lujo específico del intelectual. Por eso su gesto gremial consiste en mirar al mundo con lo ojos dilatados por la extrañeza. Todo el mundo es extraño y es maravilloso para unas pupilas bien abiertas.”

 

Existe en la sociedad en general una división entre clases de personas: minorías selectas y masas. Las masas no son capaces de gobernar sus vidas, por tanto, ni pueden ni deben gobernar.

“El concepto de muchedumbre es cuantitativo y visual. […] La sociedad es siempre una unidad dinámica de dos factores: minorías y masas. Las minorías son individuo o grupos de individuos especialmente cualificados. La masa es el conjunto de personas no especialmente cualificadas.”
 
“La masa puede definirse, como hecho psicológico sin necesidad de esperara a que aparezcan lo individuo en aglomeración. Delante de una sola persona podemos saber si es masa o no. Masa es todo aquél que no se valora a sí mimo -en bien o en mal- por razones especiales, sino que se siente “como todo el mundo” y, sin embargo, no se angustia, se siente a sabor al sentirse idéntico a los demás.”
 
“Cuando se habla de “minorías selectas” [..] el que se exige más que los demás, aunque no logre cumplir en su persona esas exigencias superiores. La división más radical que cabe hacer en la humanidad es ésta, en dos clases de criaturas: las que se exigen mucho y acumulan sobre sí mimas dificultades y deberes y las que no se exigen nada especial, sino para ellas vivir es ser en cada instante lo que ya son, sin esfuerzo de perfección sobre sí mimas, boyas que van a la deriva.”
 
“La división de la sociedad en masas y minorías excelentes no es, por tanto, una división en clases sociales, sino en clases de hombres. […] en rigor, dentro de cada clase social hay masa y minoría auténtica.”
“Las masas, por definición, no deben ni pueden dirigir su propia existencia y menos regentar la sociedad”
Las masas se involucran en procesos que son, por definición, complejos y requieren una alta preparación. Tienen entonces que elegir entre dejar de participar hasta adquirir cierto grado de conocimiento o simplificar los procesos para así entenderlos y poder participar. La masa hace lo segundo descalificando la argumentación, la lógica y el uso de razón.
 
“Ahora bien: existen en la sociedad operaciones, actividades, funciones del más diverso orden, que son, por su misma naturaleza, especiales, y consecuentemente no pueden ser bien ejecutadas sin dotes también especiales. […] La masa no pretendía intervenir en ellas: se daba cuenta de que si quería intervenir tendría congruentemente que adquirir esas dotes especiales y dejar de ser masa. Conocía su papel en una saludable dinámica social.”
 
“Hoy asistimos al triunfo de una hiperdemocracia en la que la masa actúa directamente sin ley, por medio de materiales pasiones imponiendo sus aspiraciones y su gustos. En la democracia liberal, la masa presumía que, al fin y al cabo, con todos sus defectos y lacras, las minorías de lo político entendían un poco más de los problemas públicos que ellas. Ahora en cambio, cree la masa que tiene derecho a imponer y dar vigor de ley a sus tópicos de café. Yo dudo que haya otras épocas de la historia en que la muchedumbre llegase a gobernar tan directamente como en nuestro tiempo. Por eso hablo de hiperdemocracia.”
 
“Lo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuendo de afirmar el derecho a a la vulgaridad y lo impone dondequiera.”
 
“Quien no sea como todo el mundo, quien no piense como todo el mundo corre riesgo de ser eliminado. [,,,] Todo el mundo era, normalmente, la unidad compleja de masa y minorías discrepantes, especiales. Ahora todo el mundo es sólo la masa.”

 

II. La subida del nivel histórico

 

El nacimiento de los derechos que emanan del individuo simplemente por existir -es decir, no adquiridos- elevan al todos los hombres a la categoría de señor, en consecuencia, los hombres comienzan a vivir como tales, aspiran a su estilo de vida y sus formas de ocio, pero ignoran u omiten las obligaciones y responsabilidades que acarrean.

“El hecho que necesitamos someter a anatomía puede formularse bajo estas dos rúbricas: primera, las masas ejercitan hoy un repertorio vital que coincide, en gran parte, con el que antes parecía reservado exclusivamente a las minorías; la segunda, al propio tiempo, las masas se han hecho indóciles frente a las minorías; no las obedecen, no las siguen, no las respetan, sino que, por el contrario, las dan de lado y las suplantan.”
 
“Analicemos la primera rúbrica. Las masas gozan de los placeres y usan los utensilios inventados por los grupos selectos y que antes sólo éstos usufructuaban. Sienten apetitos y necesidades que antes e calificaban de refinamientos, porque eran patrimonio de pocos. […] Y no solo las técnicas materiales, sino, lo que es más importante, las técnicas jurídicas y sociales. En el siglo XVIII, ciertas minorías descubrieron que todo individuo humano, por el hecho de nacer, y sin necesidad de cualificación especial alguna, poseía ciertos derechos político fundamentales, los llamado derechos del hombre y del ciudadano, y que, en rigor, estos derecho comunes a todos son lo únicos existentes. […] Fue esto, primero, un puro teorema e idea de uno pocos; luego, eso poco comenzaron a usar prácticamente de esa idea, a imponerla y reclamarla: las minorías mejores. […] El “pueblo” sabía ya que era soberano: pero no lo creía. Hoy aquel ideal se ha convertido en una realidad, no ya en las legislaciones, que son esquemas externos de la vida pública, sino en el corazón de todo individuo, cualesquiera que sean su ideas, inclusive cuando sus ideas son reaccionarias; es decir, inclusive cuando machaca y tritura las instituciones donde aquellos derechos se sancionan.”
 
“La soberanía del individuo no cualificado, del individuo humano genérico y como tal, ha pasado, de idea o ideal jurídico que era, a ser un estado psicológico constitutivo del hombre medio […] Ahora bien: el sentido de aquellos derechos no era otro que sacar las almas humanas de su interna servidumbre y proclamar dentro de ellas una cierta conciencia de señorío y dignidad. […] Se quiere que el hombre medio sea señor. Entonces no extrañe que actúe así, que reclame todos los placeres, que imponga decidido su voluntad, que se niegue a toda servidumbre, que no siga dócil a nadie, que cuide su persona y sus ocios, que perfile su indumentaria: son algunos de los atributos perennes que acompañan a la conciencia de señorío. Hoy los hallamos residiendo en el hombre medio, en la masa.”
 
“La vida humana, en totalidad, ha ascendido. El soldado del día, diríamos, tiene mucho de capitán; el ejercito humano se compone ya de capitanes. Basta ver la energía, la resolución, la soltura con que cualquier individuo se mueve hoy por la existencia, agarra el placer que pasa, impone su decisión. Todo el bien, todo el mal del presente y del inmediato porvenir tienen en este ascenso general del nivel histórico su causa y su raíz.”

III. La altura de los tiempos

La época en la que vivimos es mejor que cualquiera de las pasadas, esto no es malo en sí, pero lo es en la medida en que el hombre de nuestra época mira al pasado por encima del hombro, siente que no tiene nada que aprender de lo ya acontecido, que todo es innovación y que los que fueron antes que nosotros no nos pueden enseñar nada. Vivimos en un tiempo superior materialmente a todos los anteriores, pero debilitado espiritualmente.
“Se dice que esta o la otra cosa no es propia de la altura de los tiempos. En efecto; no el tiempo abstracto de la cronología, que es todo él llano, sino el tiempo vital, lo que cada generación llama “nuestro tiempo”, tiene siempre cierta altitud, e eleva hoy sobre ayer, o se mantiene a la par, o cae por debajo. La imagen de caer, envainada en el vocablo decadencia, procede de esta intuición.”
 
“Hay quien se siente en los modos de la existencia actual como un náufrago que no logra salir a flote. La velocidad del tempo con que hoy marchan las coas, el ímpetu y energía con que se hace todo, angustian al hombre de temple arcaico, y esta angustia mide el desnivel entre la altura de su pulso y la altura de la época.”
 
“Cada edad histórica manifiesta una sensación diferente ante ese extraño fenómeno de la altitud vital, y me sorprende que no hayan reparado nunca pensadores e historiógrafos en hecho tan evidente y sustancioso.”
 
“La autentica plenitud vital no consiste en la satisfacción, en el logro, en la arribada.”
 
“Un tiempo que ha satisfecho su deseo, su ideal, es que ya no desea más, que se ha secado la fontana del desear. Hay siglos que por no saber renovar sus deseos mueren de satisfacción.”
 
“¿Qué diría sinceramente cualquier hombre representativo del presente a quien se hiciese una pregunta parecida? […] El hombre del presente siente que su vida es más vida que todas las antiguas. […] ¿Cómo podrá sentirse decadente? Todo lo contrario: lo que ha acaecido es que, de puro sentirse más vida, ha perdido todo respeto, toda atención hacia el pasado. Por vez primera nos encontramos con una época que hace tabla rasa de todo clasicimo, que no reconoce en nada pretérito posible modelo o norma, y sobrevenida al cabo de tantos siglos in discontinuidad de evolución, parece, no obstante, un comienzo, una alborada, una iniciación, una niñez.”
 
“¿Cuál es en resumen la altura de nuestro tiempo? No es plenitud de los tiempos, y, sin embargo, se siente sobre todos los tiempos sidos y por encima de todas las conocidas plenitudes. No es fácil de formular la impresión que de sí mima tiene nuestra época: cree ser más que las demás, y a la par se siente como un comienzo, sin estar segura de no ser una agonía. ¿Qué expresión elegiríamos? Fortísima y a la vez insegura de su destino. Orgullosa de sus fuerzas y a la vez temiéndolas.”

IV. El crecimiento de la vida.

Con la creciente globalización aumenta la confusión, la diversidad de posibilidades es tal, que la elección se torna complicada.
“El imperio de las masas y el ascenso de nivel, la altitud del tiempo que él anuncia, no son a su vez más que síntomas de un hecho más completo y general. […] Cada trozo de tierra no esta ya recluido en su lugar geométrico, sino que para muchos efectos vitales actúa en los demás sitios del planeta. […] Esta proximidad de lo lejano, esta presencia de lo ausente, ha aumentado en proporción fabulosa el horizonte de cada vida”
 
“Ahora me importa sólo hacer notar cómo ha crecido la vida del hombre en la dimensión de potencialidad. Cuenta con un ámbito de posibilidades fabulosamente mayor que nunca. En el orden intelectual encuentra más caminos de posible ideación. En los placeres acontece cosa parecida.”
 
“No quiero decir con lo dicho que la vida humana sea hoy mejor que en otros tiempos. No he hablado de la cualidad de la vida presente, sino sólo de su crecimiento, de su avance cuantitativo y potencial. Creo con ello describir rigurosamente la conciencia del hombre actual, su tono vital, que consiste en sentirse con mayor potencialidad que nunca y parecerle todo lo pretérito afectado de enanismo.”
El término “decadencia” no es sólo material.
 
“No vale hablar de decadencia sin precisar qué es lo que decae. […] Sólo hay una decadencia absoluta: la que consiste en una vitalidad menguante, y ésta sólo existe cuando se siente. Por esta razón me he detenido a considerar un fenómeno que suele desatenderse: la conciencia o sensación que toda época tiene de su altitud vital.”
 
“Vivimos en un tiempo que se siente fabulosamente capaz para realizar, pero no sabe qué realizar. Domina todas las cosas, pero no es dueño de sí mismo. Se siente perdido en su propia abundancia. Con más medios, más saber, más técnicas que nunca, resulta que el mundo actual va como el más desdichado que haya habido: puramente a la deriva.”
 
“De aquí esa extraña dualidad de prepotencia e inseguridad que anida en el alma contemporánea. […] Todo el que se coloque ante la existencia en una actitud seria y se haga de ella plenamente responsable, sentirá cierto género de inseguridad que le incita a permanecer alerta. […] La seguridad de las épocas de plenitud es una ilusión óptica que lleva a despreocuparse del porvenir, encargando de su dirección a la mecánica del universo.”
Cuando las minorías selectas se adormecen y callan, las masas actúan.
 
“No podrá extrañar que hoy el mundo parezca vaciado de proyectos, anticipaciones e ideales. Nadie se preocupó de prevenirlos. Tal ha sido la deserción de las minorías directoras, que se halla siempre al reverso de la rebelión de las masas.”
 

V. Un dato estadístico.

 
“Nuestra vida, como repertorio de posibilidades, es magnífica, exuberante, superior a todas las históricamente conocidas. Mas por lo mismo que su formato es mayor, ha desbordado todos los cauces, principios, normas e ideales legados por la tradición. Es más vida que todas las vidas, y por lo mismo más problemática. No puede orientarse en el presente (no nos dirá e pretérito lo que debemos hacer, pero sí lo que debemos evitar). Tiene que inventar su propio destino.”
Reflexión más profunda -y menos política- sobre la fatalidad de la libertad.
 
“La vida no elige su mundo, sino que vivir es encontrarse, desde luego, en un mundo determinado e incanjeable: en éste de ahora. Nuestro mundo es la dimensión de fatalidad que integra nuestra vida. Pero esta fatalidad vital no se parece a la mecánica. No somos disparados sobre la existencia como la bala de un fusil, cuya trayectoria está absolutamente predeterminada. La fatalidad en que caemos al caer en este mundo consiste en todo lo contrario. En vez de imponernos una trayectoria, nos impone varias y, consecuentemente nos fuerza… a elegir. […] Vivir es sentirse fatalmente forzado a ejercitar la libertad, a decir lo que vamos a ser en este mundo. […] Inclusive cuando desesperados nos abandonamos a lo que quiera venir, hemos decidido no decidir.” 
 
Niega que las circunstancias configuren plenamente al individuo. Efectivamente las decisiones que tomamos en nuestra vida con configuran, pero sólo en la medida en que cada elección define nuestro carácter.
 
“Es, pues, falso decir que en al vida “deciden las circunstancias”. Al contrario: las circunstancias son el dilema, siempre nuevo, ante el cual tenemos que decidirnos. Pero el que decide es nuestro carácter.”
Sobre la falta de proyecto vital.
 
“Si observa la vida pública de los países donde el triunfo de las masas ha avanzado más, sorprende notar que en ellos se vive principalmente al día. […] El poder público se halla en manos de un representante de masas. Éstas son tan poderosas, que han aniquilado toda posible oposición. Son dueñas del Poder público, el Gobierno, vive al día. […] Sin programa de vida, sin proyecto. No sabe dónde va porque, en rigor, no va, no tiene camino prefijado, trayectoria anticipada. Ciando ese Poder público intenta justificarse, no alude para nada al futuro, sino, al contrario, se recluye en el presente. […] Su actuación se reduce a esquivar el conflicto de cada hora, empleando los medios que sean, aun a costa de acumular con su empleo mayores conflictos sobre la hora próxima. […] El hombre-masa es el hombre cuya vida carece de proyecto y va a la deriva. […] Y este tipo de hombre decide en nuestro tiempo.”
Tema recurrente de este libro, la ausencia -e incluso crítica- al hombre alejado de la técnica, intelectual, diletante.
 
“Han sido proyectados a bocanadas sobre la historia montones y montones de hombres en ritmo tan acelerado, que no ha sido fácil saturarlos de la cultura tradicional. El tipo medio del actual hombre europeo posee un alma más sana y más fuerte que las del pasado siglo, pero mucho más simple. De aquí que a veces produzca la impresión de un hombre primitivo surgido inesperadamente en medio de una viejísima civilización. En las escuelas que tanto enorgullecían al pasado siglo, no ha podido hacerse otra cosa que enseñar a las masas las técnicas de la vida moderna, pero no se ha logrado educarlas. Se les han dado instrumentos para vivir intensamente, pero no sensibilidad para los grandes deberes históricos; se les ha inoculado atropelladamente el orgullo y el poder de los medios modernos,, pero no el espíritu. Por eso no quieren nada con el espíritu, y las nuevas generaciones se disponen a tomar el mando del mundo como si el mundo fuese un paraíso sin huellas antiguas, sin problemas tradicionales y complejos.”
 
“Si ese tipo humano sigue dueño de Europa y es definitivamente quien decide […] las técnicas jurídicas y materiales se volatilizarán. La vida se contraerá. La actual abundancia de posibilidades se convertirá en efectiva mengua, escasez, impotencia angustiosa; en verdadera decadencia. Porque la rebelión de las masas es una y misma cosa con lo que Rathenau llamaba “La invasión vertical de los bárbaros”.
 
 

 

VI. Comienza la disección del hombre masa.

Sobre el hombre medio y su derecho a no tener problemas.
“Es falso decir que la historia no es previsible. Innumerables veces ha sido profetizada. Si el porvenir no ofreciese un flanco a la profecía, no podría tampoco comprendérsele cuando luego se cumple y se hace pasado.”
 
“Nunca ha podido el hombre medio resolver con tanta holgura su problema económico. Mientras en proporción menguaban las grandes fortunas y se hacía más dura la existencia del obrero industrial, el hombre medio de cualquier clase social encontraba cada día más franco su horizonte económico. Cada día agregaba un nuevo lujo al repertorio de su standard vital. Cada día su posición era más segura y más independiente del arbitro ajeno. Lo que antes se hubiera considerado como un beneficio de la suerte que inspiraba humilde gratitud hacia el destino, se convirtió en un derecho que no se agradece, sino que se exige.”

Los verdaderos causantes del ascenso de la calidad de vida.

“A esta facilidad y seguridad económicas añádense las físicas: el comfort y el orden público. […] En todos estos órdenes elementales y decisivos la vida se presentó al hombre nuevo exenta de impedimentos. […] No hay nadie civilmente privilegiado. El hombre medio aprende que todos los hombres son legalmente iguales.”
 
“Se crea un nuevo escenario para la existencia del hombre, nuevo en lo físico y en lo social. Tres principios han hecho posible ese nuevo mundo: la democracia liberal, la experimentación científica y el industrialismo. Los dos últimos pueden definirse en uno: la técnica.”
Lo que el hombre medio lleva siendo a lo largo de toda su historia frente a lo que es hoy.
 
“El siglo XIX colocó al hombre medio en condiciones de vida radicalmente opuestas a las que siempre le habían rodeado. […] Para el vulgo de todas las épocas, vida había significado, ante todo, limitación, obligación, dependencia: en una palabra, presión […] u opresión, con tal de que no se entienda por esta sólo la jurídica y social, olvidando la cósmica. […] Antes, incuso para el rico y poderoso, el mundo era un ámbito de pobreza, dificultad y peligro.”
 
“El mundo que desde el nacimiento rodea al hombre nuevo no le mueve a limitarse en ningún sentido, no le presenta veto ni condición alguna, sino que, al contrario, hostiga sus apetitos que, en principio, pueden crecer indefinidamente.”
La idea de que el crecimiento y la mejora de la calidad de vida existe per se, a priori. En realidad es una fórmula artificial, fruto de siglos de búsqueda que debe y merece ser preservada.
 
“Ese mundo no sólo tiene las perfecciones y amplitudes que de hecho posee, sino que además sugiere a sus habitantes una seguridad radical en que mañana será aún más rico, más perfecto y más amplio, como si gozase de un espontáneo e inagotable crecimiento.”
 
“El hombre vulgar, al encontrarse con ese mundo técnica y socialmente tan perfecto, cree que lo ha producido la Naturaleza y no piensa nunca en los esfuerzos geniales de individuos excelentes que supone su creación.”
En su ensayo “España invertebrada” trata el tema del “particularísimo” con mucha más profundidad. Básicamente, desconocer de donde viene todo lo que tenemos hoy en día configura a un individuo mimado, desagradecido, egoísta, que no cuenta con los demás, y se cree superior a todos.
 
“La libre expansión de sus deseos vitales, por tanto, de su persona, y la radical ingratitud hacia cuanto ha hecho posible la facilidad de su existencia. Uno y otro rasgo componen la conocida psicología del niño mimado. […] Mimar es no limitar los deseos, dar la impresión a un ser que todo le está permitido y a nada está obligado. […] A fuerza de evitarle toda presión en derredor, todo choque con otros seres llega a creer efectivamente que sólo él existe, y se acostumbra a no contar con los demás sobre todo a no contar con nadie superior a él. Esta sensación de la superioridad ajena sólo podía proporcionársela quien, más fuerte que él, le hubiese obligado a renunciar a un deseo, a reducirse, a contenerse. Así habrá aprendido esta esencial disciplina: “Ahí concluyo yo y ahí comienza otro que es más que yo. En el mundo por lo visto, hay dos: yo y otro superior a mí.” Al hombre medio de otras épocas le enseñaba cotidianamente su mundo esta elemental sabiduría, porque era un mundo tan toscamente organizado, que las catástrofes eran frecuentes y no había en él nada seguro, abundante, ni estable.”
 
“Ningún ser humano agradece a otro el aire que respira, porque el aire no ha sido fabricado por nadie: pertenece al conjunto de lo que “esta ahí”, de lo que decimos “es natural” porque no falta. Estas masas mimadas son lo bastante poco inteligentes para creer que esa organización material y social, puesta a su disposición como el aire, es de su mismo origen, ya que tampoco falla, al parecer, y es casi tan perfecta como la natural.”
 
“La perfección misma con que el siglo XIX ha dado organización a ciertos órdenes de la vida es origen de que las masas beneficiarias no la consideren como organización, sino como naturaleza. […] No les preocupa más que su bienestar y al mismo tiempo son insolidarias con la causa de ese bienestar. Como no ven en las ventajas de la civilización un invento y construcción prodigiosos, que sólo con grandes esfuerzos y cautelas se puede sostener, creen que su papel se reduce a exigirlas parentoriamente, cual si fuesen derechos nativos. En los motines que la escasez provoca suelen las masas populares buscar pan, y el medio que emplean suele ser destruir las panaderías. Esto puede servir como símbolo del comportamiento que en más vastas y sutiles proporciones usan las masas actuales frente a la civilización que las nutre.”
La rebelión de las masas.