La rueda del hámster

Tal vez la libertad y el libre albedrío no existan como tal, y en realidad el ser humano no tenga una capacidad real de libre decisión, sino simplemente una ilusión de la misma producto de su mente. Y que la sensación de libertad exista en nosotros solamente porque nos incita a hacer lo correcto. Porque la idea ilusoria de nuestra propia responsabilidad y plena consciencia nos empuja a querer avanzar y a hacer lo que realmente es mejor para nosotros. Y esta sensación de libertad y responsabilidad sería un producto más de nuestra mente que, desde la evolución y la autoadaptación, habría creado una fantasía que motivara y diera un sentido a nuestra creciente mente consciente, como un autoengaño cuyo fin sería solamente el de estimularnos para hacer lo que más nos conviene hacer, y dar una mejor versión de nosotros mismos; es decir, actuar como si realmente pudiéramos tomar la decisión de hacer aquello que es mejor, y que dicha decisión encerrara un valor que enriqueciera al sujeto como algo y alguien único y genuino. Todo ello, como decía, para poder seguir evolucionando y aspirando a avanzar como especie, favoreciendo nuestra supervivencia, que es a lo que la evolución y el desarrollo cerebral, en término último, aspiran.

Así, en un punto en nuestro desarrollo evolutivo, nuestra capacidad cerebral de valorar opciones ante diferentes circunstancias habría evolucionado y alcanzado tal complejidad, que habríamos dejado de poder entendernos a nosotros mismos, y ya no podríamos procesar y comprender continua y conscientemente toda la magnitud de los procesos que se suceden en nuestro cerebro, por los cuales ante determinados factores externos realizamos determinados actos, siempre con el mismo funcionamiento, de forma mecanicista. Y ante tal vacío de comprensión, habríamos abreviado dichos procesos y creado la ilusión o interfaz del libre albedrío, para justificar por qué actuamos de la forma en la que lo hacemos. Y por ello negaríamos el carácter mecanicista de nuestros actos, no porque no fueran así, sino porque nuestra mente, para permitirnos soportar nuestra propia complejidad, nos habría hecho sentir otra cosa diferente.

En fin, espero que no sea así. Menuda decepción si no.

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